El Congreso tiene previsto iniciar el lunes, cuando termina su receso por el verano boreal, debates sobre la intervención que quiere llevar adelante el mandatario en respuesta al ataque químico del 21 de agosto en las afueras de Damasco, que según autoridades estadounidenses dejó más de 1.400 muertos y cuya autoría atribuyen a las fuerzas de Al Asad.
Según un sondeo del Washington Post, 224 de los 435 miembros de la Cámara de Representantes estaban en contra o eran más bien contrarios a una ofensiva militar, otros 184 estaban indecisos, y sólo apoyaban la intervención.
Unas doscientas personas se manifestaron ayer en la Casa Blanca antes de dirigirse hacia el Congreso para expresar a los legisladores su oposición al plan de ataques.
Como en Irak y Libia, los ataques "no conducirán a la paz, sino que agravarán el conflicto", declaró a la AFP Eugène Puryear, organizador de la manifestación convocada por el grupo AnswerCoalition.
El "Congreso que supuestamente representa al pueblo estadounidense debe pronunciarse en favor de la mayoría de los norteamericanos, que están en contra de la guerra", agregó.
Ante una comunidad internacional profundamente dividida sobre el conflicto sirio -Al Asad cuenta con el apoyo de Rusia que se opone a una ofensiva armada contra su aliado- el secretario de Estado estadounidense, John Kerry, viajó a Europa para intentar ganar apoyo.
El jefe de la diplomacia estadounidense se sumó a la reunión informal de 28 ministros de relaciones exteriores en Lituania, que tiene actualmente la presidencia rotativa de la Unión Europea.