15 de noviembre 2013 - 15:55
Cuando un milagro se transformó en solidaridad
Rubén Dos Santos estuvo internado 13 días por neumonía bilateral en medio de la gripe A en 2009. Una vez recuperado abrió junto a Sandra Bustos un espacio que asiste a unos 35 chicos.
cuando un milagro se transformo en solidaridad
De un momento tortuoso, difícil, casi impiadoso, floreció el amor, la comprensión, el espíritu solidario. Quedó de lado todo lo que tuviera que ver al egoísmo, la mezquindad, la insensibilidad. "A veces la vida toma conmigo café", es parte de la letra de una canción de Serrat y, en parte, se ajusta a la historia de vida de Sandra y Rubén, quienes fueron capaces de transformar una enfermedad en un acto de pureza, como lo es ayudar al desposeído. Por ello, hoy en Atalaya (Caupolicán 5836, entre Lisboa y Estocolmo) funciona el Merendero y Comedor Infantil Las Manos Solidarias de La Matanza, que le da de comer y le brinda contención a unos 35 chicos, cuyas edades oscilan desde recién nacidos hasta los 14 años, pero también se acercan mamás adolescentes y, además, cuatro chicos con capacidades diferentes.

Al frente del merendero trabajan codo a codo, Sandra Bustos (53 años) y psicóloga social, y su marido, Rubén Dos Santos (53) ex trabajador de Obras Sanitarias, quienes tienen cuatro hijos, Cristian (26), Bárbara (22 y cerca de hacer abuelos a sus padres), Federico (19) y Matías (10).

Todo arrancó en 2009 con la pandemia de la Gripe A. Rubén, con 49 años, sufrió una neumonía bilateral (los dos pulmones tomados). Esto hizo que tuviera las defensas bajas y el virus lo atacó. Fue internado en una clínica de Villa Luzuriaga durante 13 días. "El panorama era malo, casi sin esperanzas. Los médicos decían que hacía falta un milagro", relata Sandra, mientras Rubén escucha con la mirada clavada en el recuerdo. "Era pedirle a Dios cada momento y le decía que a cambio me diera una señal. Y Rubén mejoró, los médicos estaban sorprendidos. Fue un renacer y dijimos que algo debíamos hacer en agradecimiento. Esperábamos una señal", enfatiza Sandra Bustos. Y esa señal, un día llegó. Es el turno de Rubén, mientras el merendero espera por sus locos bajitos para que lo inunden de risas y vida. "Llovía, hacía frío, tocaron el timbre. Atendimos y eran seis nenes del barrio San José a los que solíamos ayudar habitualmente. Estaban todos mojados y justo estábamos por hacer la merienda. Ahí nos miramos con Sandra y los hicimos pasar para que tomaran la leche". Y Sandra agrega: "Nos dimos cuenta de que era la señal que Dios nos mandaba". Y de ese modo, el 9 de julio de 2010 arrancó el merendero Las Manos Solidarias de La Matanza.