16 de mayo 2014 - 14:48
La pasión fierrera, latente en el taller de Pergolezi
Como piloto y como chapista tuvo contacto con diferentes autos de la máxima categoría del automovilismo argentino. Fanático de Chevrolet, su corazón ruge como un motor cada vez que hace arreglos.
la pasion fierrera, latente en el taller de pergolezi
El fútbol se sitúa en el alma de la pasión argentina. Pero debe compartir, en algún lugar, esa pasión. Y allí aparece el TC con todo su folklore criollo a cuestas, se erige como generador de ídolos. Muchos nombres y hombres han despertado la veneración del hincha. Fangio, Froilán González, los hermanos Gálvez, los Emiliozzi, Traverso, Bessone, Satriano, Morresi, el Toro Mouras, algunos de los nombres de oro del automovilismo nacional. Todo esto mantiene un vínculo con Juan Carlos Pergolezi, un vecino de Isidro Casanova, y fanático de Roberto José Mouras.
Emoción

Tocó el cielo con las manos cuando un auto emblemático adornó su bunker de Isidro Casanova. Fue en 2010 cuando Juan Carlos Pergolezi (48 años) recibió nada más ni nada menos que una Chevy que fuera guiada en los 70 y 80 por aquel ícono del automovilismo argentino. Restauró el Pina 7 (los autos que armaba Jorge Pedersoli llevaban esa denominación), una Chevy que acompañó sobre el asfalto al Toro de Carlos Casares. 'Lloré una semana seguida, la emoción era enorme. Me quedaba solo cuando se iban los empleados y no se pueden explicar lo que se siente. Fueron varias las noches que se caían las lágrimas, no lo podía creer", admite al recordar a esa Chevy de su ídolo en su taller.

Su fanatismo por el Toro asoma como inexplicable, según estima. "No me crucé nunca una mirada con él. Fue platónico. Mouras ganaba una carrera y me emocionaba. También me gustaba Emilio Satriano, pero el hecho de saber que el Toro era hincha de Chevrolet, hacía la diferencia", señala el piloto, quien corrió en karting, GTM, TC Regional, Pro Car 4000, TC Regional y Turismo 4000 Argentino.

Desde pequeño acunó el amor por el piloto que perdiera la vida en una competencia en el semipermanente de Lobos en 1992. "A la primera carrera que fui, me llevó mi viejo. Era 1976 (tenía 11 años) en la Vuelta de Monte. Mouras ganó con el 7 de Oro. Hoy todavía conservo el gorrito tipo Piluso del Toro de esa jornada", recuerda sin lograr que la emoción le gane.

Valor impagable

Si bien en Carlos Casares se levanta el museo que vigila la memoria por el Toro, Pergolezi tiene el suyo, con souvenirs, cuyo valor es impagable. "Tengo guantes de Mouras, plaquetas. Tengo guardado burletes viejos, que están todos rotos, tornillitos, todo lo que no servía de aquel auto, el Pina 7, que restauramos. Y, además, un abuelo me regaló un vaso de plástico del último asado en la peña de Pedersoli antes de que se mató", enumera y resalta: "Me quedó una tapa de baúl de ese Pina 7, que fue el auto que Mouras más quería, y fue el más ganador de todos los que manejó".

El amor por una marca, Chevrolet en este caso, la pasión por una actividad, el automovilismo, y la veneración por un piloto, Roberto José Mouras, marca a Juan Carlos Pergolezi, que lleva la pasión por el Toro de Carlos Casares en la piel.