También están los perros de asistencia, que cumplen funciones muy diferentes, debido a que ayudan a personas con limitaciones físicas a realizar cosas que no podrían hacer sin ayuda. Los perros destinados a esta noble función, reciben un adiestramiento excepcional y cumplen funciones de lazarillo, apoyo a personas sordas, ayuda a parapléjicos o ciegos, entre otras problemáticas. En algunos países, los perros de asistencia están amparados por las leyes, para acompañar a sus propietarios e ingresar con ellos a cualquier parte. En cambio los perros de terapia brindan su apoyo principalmente a través de su presencia y el afecto que entregan. Sin embargo éstos no tienen reconocimientos especiales para ir a cualquier parte, ya que sus propietarios no los necesitan para desenvolverse normalmente.
En general, la terapia con animales puede ayudar a mejorar distintas problemáticas como por ejemplo a desarrollar empatía. Los pacientes suelen tener mayor facilidad para desarrollar empatía hacia el perro que hacia el terapeuta. En el mediano plazo, esto ayuda a mejorar la capacidad de comunicación.
Los perros favorecen la relación con el entorno, sobre todo en los casos en los que las personas tienen dificultades para relacionarse, o rechazan cualquier relación. Los perros de terapia y en este caso también los de visita, sirven como un puente inicial para mejorar o desarrollar una relación. Esto suele ocurrir con personas muy introvertidas, con depresión y con determinadas patologías neurológicas. La presencia de los perros hace que la terapia se perciba como una actividad menos formal y más relajada y ayuda a reducir la resistencia a la terapia que puede surgir cuando el ambiente es muy formal, según indican los especialistas.
En general, la mayoría de las personas sienten poca o ninguna presión social al interactuar con perros, porque saben que los animales no emiten juicios de valor según la apariencia, color de piel, estado financiero o civil .Por lo tanto, es frecuente que los pacientes se relajen y desinhiban al interactuar con los perros u otros animales presentes durante la terapia.
Además las terapias con animales ayudan a romper la rutina. Esto ocurre más cuando se trata de perros de visita que de terapia. Cuando la gente no tiene mucha actividad en su vida diaria, como en el caso de las personas que viven en algunos geriátricos, la presencia ocasional de un perro puede ayudar a romper la rutina y a entretenerlos, además de brindarle contacto físico, que es importante para el bienestar emocional.
TIPS
-Los lagartos, que pertenecen a la clasificación de los saurios, requieren una alimentación insectívora. Los más solicitados como mascotas son los camaleones, los anolis y los escincos pequeños.
-15 a 20 centímetros llegan a medir algunos hamster. Son mamíferos roedores de la familia de los cricetidos, su cuerpo es robusto y rechoncho, su pelaje es rojo vivo en el dorso y negruzco en el vientre.
¿ENTIENDEN?
A los felinos no les gusta ser sorprendidos, por lo que chistar, aplaudir, o decir que no, detendrá el comportamiento. Aunque es algo que funciona sólo si la persona está al lado.
¿Cuál es la mejor raza?
Es importante reconocer que los perros promueven la socialización entre las personas. Es mucho más fácil que dos desconocidos empiecen a hablar si al menos uno de ellos tiene un perro. Además, está comprobado que la presencia y el contacto con perros ayuda a reducir la presión arterial y el estrés y estimulan la motivación.
Cualquier raza puede desempeñarse bien como perro de terapia, y según el carácter de cada perro, dependerá si es apto para que sea de terapia o de visita.
Por ejemplo, las razas muy activas y nerviosas pueden resultar problemáticas porque la gente a la que visitan no puede seguir el ritmo veloz y alocado de los perros. Es así que el border collie, el pastor belga malinois, el dobermann o los galgos no se ven con mucha frecuencia como perros de terapia. Sin embargo, algunos perros de caza, como el golden retriever y el perro labrador, pueden dar buenos resultados después de haber superado la adolescencia. Por otra parte, hay que tener en cuenta que algunas razas de perros de trabajo pueden causar miedo a las personas que debieran ayudar. Por ejemplo, el mastín napolitano, el rottweiler o el perro pitbull pueden asustar a la gente. Aún cuando existen perros de esas razas que cumplen funciones de perros de terapia, no son muy comunes porque la gente se asusta, no porque sean perros peligrosos, sino por su apariencia intimidante. Y finalmente, algunos perros pueden ser muy amigables, estar muy bien entrenados y ser adorables, y aún así no ser aptos como perros de terapia o perros de visita. Los perros que babean mucho, como la mayoría de los boxer, o que pierden mucho pelo, como los husky siberianos, pueden causar alergias y por eso no ser aptos para visitar hospitales o residencias geriátricas.