Luego, ya instalado en la cárcel de la zona Oeste del Conurbano, el depredador sexual (a sus víctimas las elegía jóvenes, incluso menores) tejió relaciones con personal penitenciario y población carcelaria. Se convirtió en uno de los más respetados internos. En ese marco, comenzó a insistir para que le permitan visitar a su madre enferma, domiciliada en Mariano Acosta.
"Comenzó diciendo que la mujer, de 70 años, era hipertensa. Hay una carta de agradecimiento muy emotiva, enviada al magistrado Humberto González, por permitirle las salidas de visita a su madre. Le cuenta del abrazo largo que se dieron, de la alegría de la mujer, de lo importante que era para él ese beneficio. Verdaderamente para llorar. El detalle que no tuvieron en cuenta es que estaba escrita de puño y letra por un sanguinario violador", dijo Angiono.
Esa confianza que le tenían a Brawton permitió que el sábado 17, cuando fue a visitar a su mamá, sólo se quedara con él de custodia un efectivo del Servicio Penitenciario, el mismo que aceptó unas empanadas y gaseosa, tras lo cual se quedó profundamente dormido. "Lo último que recuerdo es la imagen difusa de Brawton con su pareja alejándose", dijo el efectivo ante el fiscal Carlos Oviedo, de la UFI 5 de Morón, que intenta seguir los pasos del abusador.
El pedido de captura se amplió a Interpol, ante la sospecha de que Brawton haya cruzado las fronteras del país. Las medidas que el fiscal solicitó se resguardan para proteger la pesquisa. "La indignación de las víctimas es total. No lo entienden, no lo aceptan. Sabemos que lo están buscando con esmero. Pedimos el máximo compromiso para su captura. Porque de seguir prófugo, una vez instalado en algún lugar, su pulsión destructiva volverá", dijo Angiono.