"La realidad es que se los busca porque son menos detectables para los organismos financieros, locales e internacionales. Se los utiliza como presta nombres, ya que son personas que no tributan, y de alguna manera está por afuera de los controles. Son menos detectables, y los grupos delictivos lo saben", señaló Semino.
En la causa con los serbios, que fueron juzgados en Uruguay porque un operativo descubrió más de 2.000 kilos de cocaína en un yate anclado en el Río de La Plata, en jurisdicción del país vecino, se descubrió que los "capos" de la banda utilizaban vehículos y residían en viviendas compradas por abuelos, como parte de la maniobra para intentar pasar desapercibidos.
Para Luis Vicat, licenciado en Seguridad Pública, "los abuelos terminan como cómplices colaterales de los narcos, que cada vez vuelven más sofisticados sus sistemas de blanqueo, a raíz del aumento en general de los controles y la presión contra los grandes carteles", precisando que "ahora ocurre que se abastecen de eslabones insospechados, como los ancianos, que por edad, actividad económica, no tienen quiebras, no están contaminados por el sistema, no presentan antecedentes".
"Apuntan a los más pobres"
Semino explicó, asimismo, que "se apunta lamentablemente a viejos muy pobres, que están invisibilizados para el sistema, lo que resuelve muchos problemas que tienen las organizaciones criminales cuando tienen que introducir el dinero en el sistema legal".
Finalmente, Vicat manifestó que "se los pone de testaferros, incluso hay casos con abuelos que terminan como presidentes de sociedades, porque se aprovecha esa característica de fantasmas del sistema tributario", indicando que "se busca gente que ni siquiera cobre pensiones o jubilaciones, porque lo importante es que tengan el documento de identidad, y la menor cantidad de registros en el sistema".