El 16 de febrero de 2007, la joven Sandra Ayala Gamboa, oriunda de Perú, se dirigió junto a su amigo Walter Silva a un edificio de la ex Dirección de Rentas bonaerense, dependiente del ministerio de Economía provincial, ubicado en las calles 7 entre 45 y 46 de La Plata, donde se entrevistaría con un hombre que le daría un trabajo.
Silva se retiró y dejó a Ayala Gamboa junto a un hombre, de entre 25 y 37 años, y nada más se supo de ella hasta que seis días después fue hallada violada y estrangulada en el baño de ese edificio.
La joven estaba boca abajo, había sido violada y estrangulada con su propio corpiño.
Tras tres años sin poder hallar al autor de ese crimen, finalmente con un cruce de los patrones genéticos del imputado con las muestras de Gamboa y las de otras víctimas, se pudo establecer la coincidencia con el ADN de Cadícamo.
El hombre, según la pesquisa, tenía un perfil de víctimas: todas eran jóvenes oriundas de Perú o de alguna provincia del norte argentino y en todos los casos las contactaba con la excusa de ofrecerles un trabajo como empleada doméstica o niñera.
Según la pesquisa llevada adelante por la fiscalía, Cadícamo citaba a las jóvenes en una zona céntrica y las sometía en propiedades desocupadas u obras en construcción.
Los estudios sobre la salud mental de Cadícamo revelaron que se trata de “un psicópata, insensible y manipulador”, que es un "predador que busca víctimas fácil de atacar y que posee una sexualidad en base a fantasías sádicas”.
"La muerte le proporciona una excitación mayor, goza matando en medio del dolor de la vícitma”, indicaron los peritos y concluyeron en que se está “ante uno de los más sádicos que hemos encontrado en la historia forense”.