04 de noviembre 2026 - 12:28
El secuestro de la representación popular: cuando la política habita su propio universo/ Por Luis Cagliari

Por un lado, la sociedad civil lidia a diario con los estragos del estancamiento económico, la degradación educativa, la inseguridad y la falta de horizonte social. Por el otro, la dirigencia política orbita en una agenda propia, autorreferencial, abocada a la rosca interna, al reparto de cuotas de poder y a un festival de retórica vacía.

Los políticos viven en su propio universo alejado de la realidad (Imagen generada por IA)

El artículo 22 de la Constitución Nacional establece un principio fundacional de la República: “El pueblo no delibera ni gobierna, sino por medio de sus representantes y autoridades creadas por esta Constitución”. Sin embargo, el contrato implícito en este postulado se encuentra fracturado en sus cimientos. La democracia representativa en la Argentina atraviesa un estado de decadencia y agotamiento estructural, donde los mecanismos de delegación de la soberanía popular han dejado de servir al ciudadano para pasar a financiar y perpetuar un sistema político endogámico.

Asistimos a un verdadero divorcio de realidades. Por un lado, la sociedad civil lidia a diario con los estragos del estancamiento económico, la degradación educativa, la inseguridad y la falta de horizonte social. Por el otro, la dirigencia política orbita en una agenda propia, autorreferencial, abocada a la rosca interna, al reparto de cuotas de poder y a un festival de retórica vacía. La gestión pública —aquella función esencial del Estado orientada a garantizar servicios básicos eficaces y sentar las bases del desarrollo y la prosperidad— ha quedado completamente relegada a un segundo plano.

  • Unión Cívica Radical (UCR) y Partido Justicialista (PJ): Los dos grandes motores de la política del siglo XX y comienzos del XXI han perdido su capacidad de interpelar a las nuevas generaciones y de ofrecer un proyecto colectivo que una a los argentinos. Afectados por una profunda falta de liderazgos ejemplares, sus cuadros directivos están desgastados por años de administraciones deficientes y empañados por serios cuestionamientos éticos y judiciales. Lejos de constituir opciones de recambio, operan como estructuras burocráticas orientadas a conservar privilegios y espacios legislativos.

Las nuevas opciones y el dilema de la idoneidad

Ante la vacancia dejada por el bipartidismo tradicional, la irrupción de nuevas fuerzas como Propuesta Republicana (PRO) o La Libertad Avanza prometió en su momento oxigenar la oferta electoral. Sin embargo, el escenario expone limitaciones severas:

  • Inexperiencia e improvisación: Muchas de las figuras emergentes exhiben una evidente falta de oficio y capacidad técnica para conducir el complejo aparato estatal, confundiendo el discurso proselitista con la efectividad en la administración pública.
  • El "reciclaje" de cuadros: Para suplir la falta de estructura o experiencia, estas expresiones terminan recurriendo a dirigentes salidos del propio riñón de los partidos tradicionales. Esto genera un fenómeno de trasformación superficial: las mismas caras y prácticas políticas, pero bajo siglas o colores partidarios renovados.

La degradación institucional y la falta de un proyecto común

En este contexto, las instituciones democráticas pierden su aura y mística republicana. Cuando el ciudadano percibe que el Estado no resuelve ni administra, sino que funciona como un botín de facción, el descrédito no solo alcanza a los gobiernos de turno, sino al sistema mismo.

El problema de fondo radica en que no existe hoy una propuesta superadora capaz de generar un entusiasmo legítimo o de articular un acuerdo nacional maduro hacia un modelo de país moderno, previsible y próspero. La Argentina se encuentra atrapada en una dialéctica de extremos, donde el ciudadano de a pie se ve forzado a elegir de manera reactiva ante la falta de verdaderas alternativas de estadistas.

Restaurar la vigencia del espíritu constitucional exigirá más que el reemplazo de nombres en una boleta: requerirá reconstruir la noción de idoneidad en el servicio público y exigir que la política abandone su universo paralelo para volver a ponerse al servicio del interés general.