Su segundo ataque sexual, y el primero de una seguidilla, fue el pasado 11 de marzo, cuando sorprendió a una muchacha de 17 años en la calle 821 y Camino General Belgrano. Con la misma modalidad, Flores le tapó la boca y esta vez la ató con precintos negros, la subió a un auto gris y la llevó a una propiedad donde la ultrajó, para luego liberarla a siete cuadras de allí.
A los diez días, interceptó a una joven de 16 años en la calle 880 y 832, intentó abusarla en el auto pero la chica se resistió, lo golpeó y pudo escaparse. Cuando huía, logró memorizar la chapa patente del vehículo.
Esa misma semana y en la misma zona, abordó a una estudiante de 13 años y la amenazó con un cuchillo, para asegurarse esta vez que su presa no escape. Del mismo modo, la subió al auto, le tapó la cara y la llevó a un descampado para violarla.
Las víctimas de Flores tenían un denominador común: las cuatro eran vírgenes y fueron desfloradas durante los abusos sexuales. Por el trauma que padecen, se encuentran con tratamiento psicológico.
Previo a las pruebas de ADN, se llevó a cabo una rueda de reconocimiento. Una de las chicas le reconoció el rostro, otra identificó la voz y una tercera abandonó el lugar sin aportar datos a la Justicia por temor.
Por estas horas, la UFI N° 8 de Quilmes investiga una gran cantidad de casos similares registrados en su base de datos, que concuerdan con el patrón de ataque sexual de Orlando Flores: colegialas violadas en Solano (y también en Quilmes) entre las 7 y las 7.30 de la mañana.