Como en muchos casos, no todo es color rosa en la vida de un futbolista amateur, y por ello, la historia de este protagonista tuvo un giro: “por problemas económicos y no poder viajar hasta Lanús, me fui a probar a Temperley y recuerdo que me probé de delantero, jugando como puntero derecho”. Pero las dificultades seguirían, según relata: “Estuve solamente un año, y como se cambió el lugar de entrenamiento y yo era chico, no pude ir más, por lo que estuve tres meses sin jugar cuando mi papá se encontró con un director técnico que tuve en Lanús, Roberto Farza, quien me volvió a llevar a ese equipo”.