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21 de enero 2014 - 00:00
Gustavo y Cristina, por la senda del arte en Escalada
Eran profesionales, tenían éxito y un camino que un día no los convenció más. Dejaron las preocupaciones de la vida “común” y apostaron a la plástica, los viajes y la docencia. Una historia muy singular.

Para Gustavo Alcaide y Cristina Gerstner, dos vecinos de Lanús que cambiaron todo por el arte, la vida fue cambiando a partir de dejar atrás sus anteriores ocupaciones y pasar de lleno a la creación artística, el contacto con la gente en las ferias artesanales y la docencia, actividades que tenían pendientes.

El ejercía como arquitecto y ella trabajaba en relación de dependencia hasta que la vida rutinaria que llevaban y las presiones que esa vida tenía dejó de seducirlos. Luego de dos charlas, Gustavo y Cristina decidieron bajarse del mundo tal y como lo conocemos, y dedicarse al arte.

En su atelier de Remedios de Escalada, mezcla de refugio y escuela de arte, confeccionan piezas únicas que venden en distintas ferias.

En Del Valle Iberlucea al 4400, donde tiene lugar el trabajo, ambos llevan orgullosamente una vida muy distinta de la que llevaban algunos años atrás.

"No sé qué pensará la gente, pero nosotros trabajamos más de lo que trabajábamos antes. Como si estuvieras en un banco o más. La diferencia es que uno de los trabajos es la docencia, cosa que ambos amamos, y el otro es el arte, donde nos sentimos libres", destacó Gustavo previo a las fotos.

Ambos, él desde su profesión de arquitecto y ella trabajando en relación de dependencia, siempre estuvieron ligados al arte, pero nunca en forma directa, siempre como hobbies. "En el 2000, cuando todo el país desbarrancó, vendí todo mi pequeño estudio de música para darle de comer a mis hijos. Me tocó empezar de cero más de 14 veces, entonces entendí que el éxito es perseverar en lo que uno cree", señaló Gustavo.

Por su parte, Cristina, que también estuvo ligada a la plásticas desde joven y que estudió artes visuales en el IUNA, relató con precisión el momento del quiebre: "Yo había tenido un puesto en Plaza Francia pero nada más. En un momento, él empieza a tener problemas con una obra y yo me quedo sin trabajo. Juntamos la plata que teníamos y con dos charlas muy profundas resolvimos el vértigo de abandonarlo todo y nos pusimos el atelier".

Amantes de la docencia, tienen muy en claro cuál es su función y a qué aspiran con el atelier. "En otros lugares se enseñan técnicas y nosotros no somos de reservarnos nada. Enseñamos los trucos y cada una de las cosas que nosotros sabemos, porque el arte para nosotros es una herramienta de transmisión", subrayó Cristina.

En este sentido, Gustavo explicó: "Ver el crecimiento de los alumnos es lo que más fuerza nos da. Hay chicos que a la sexta clase están haciendo retratos al carbón y cuando lo vemos nos queremos morir. El atelier avanza con nosotros y no sé dónde terminará, va mutando permanentemente".

Con alumnos de todas las edades, con distintos tipos de técnicas, elaborando muchas veces sus propios recursos, Gustavo y Cristina, que ya tienen más de 200 obras vendidas en la feria de artesanos de la Plaza Grigera de Lomas de Zamora, continúan realizando retratos en vivo y aerografía en remeras con planes de volar hacia otros destinos. "En el barrio no nos conocen mucho. Vienen por el cartel de la puerta. Igual, tenemos la intensión de migrar al algún lugar del interior del país", concluyó Gustavo.