-DP: ¿Vos lo viste? -FD: Sí, lo hago todos los días.
-DP: ¿Y qué te causa? -FD: Es una experiencia nueva, como
meterse en el mar por primera vez. Yo ya soy grande y todavía la tecnología nos permite tener sensaciones que no estaban. Esta es una forma de ver conciertos que hasta Vrtify no existía.
-DP: Los proyectos que miran para adelante y rompen con lo viejo tienen un desafío: convencer a quienes dominan el sistema de que ahora viene otra cosa, lo nuevo. ¿Cómo manejás ese diálogo con los CEO's? -FD: Es conversar. No me preocupa. A veces digo: "Lo siento, si no lo ves, si no lo hago con vos, lo hago con otro". Cuando empezamos
Vrtify, a la realidad virtual no la conocía nadie. Yo no decía realidad virtual porque quedaba mal. Me daba contra la pared:
queríamos avanzar, buscar más plata y era difícil. Nos decían que estábamos locos. Después, nos llamaban para ofrecernos inversiones.
-DP: ¿Te pasó? -FD: Sí. Hay mucha gente a la que le pedí poca plata para empezar, me dijeron que no y hoy me ofrecen una cantidad tremenda.
Dinerales. Yo quería que pagaran algunos sueldos, y no quisieron. Y el mismo tipo, al año, me pedía un espacio para invertir.
-DP: ¿Cómo te recibieron los dueños de las discográficas, una pieza clave para el funcionamiento de Vrtify? -FD: Tienen miedo, pero te reciben.
No se animan a dar el paso, pero saben que está. La industria de la música estuvo muy golpeada por lo tecnológico. Por eso no lo dejan pasar así. Cuando llegás con la primera plataforma de música en realidad virtual,
se nos abren todas las puertas. Cerrar alianzas lleva tiempo porque la industria es compleja: está el artista, después el productor, el que escribió el tema, el que puso la plata... es difícil. Pero sabíamos en qué nos metíamos.
-DP: ¿Tenés miedo que cambie el límite entre lo real y lo virtual, que es cada vez más difuso?
-FD: No me lo planteo: estoy seguro que se tiende a diluir mucho. Usar un celular, si lo pensás, es obsoleto. La realidad debería estar adelante tuyo. A la tecnología no le tengo miedo, le tengo miedo a la gente, del uso que haga de eso. Ahí se cagan las cosas.
-DP. Es como si fuera otra realidad, ya no virtual...-FD: La realidad aumentada o virtual van de la mano, se empiezan a confundir. Creo que es la siguiente etapa en la relación humano-tecnología. En la realidad virtual vos te metés en la realidad. Ya no hay diferencia. Con la realidad aumentada, lo mismo: es la tecnología en otra realidad.
Eso ya está: no es el futuro, es el presente. Yo lo estoy haciendo. -DP: ¿Qué es lo mejor y qué es lo peor de ser independiente? -FD: (Piensa varios segundos). Lo mejor es que hacés las cosas que tenés que hacer, no estás cumpliendo sea un horario o un proceso. Eso te abre posibilidades en un mundo que cambia mucho. En relación de dependencia tenés que cumplir normas y procedimientos.
A veces me sentía como atado, incluso con un rol de liderazgo. Tenía que alinearme a algo más grande. A nivel independiente, es más natural pero hay más riesgos: cuando te va mal, te va terriblemente mal tanto en lo económico como en lo personal. En en relación de dependencia, podés separar tu familia del trabajo. Cuando tenés un start-up, está metida toda tu familia.
-DP: Uno estudia para ser ingeniero, economista, pero nadie te enseña a ser emprendedor, ¿cómo se aprende? -FD: No tengo una teoría.
Yo aprendí a los golpes. De hecho la cagué 20.000 veces más de lo que me fue bien. Esas 20.000 veces sirven para ganar experiencia. Vrtify, o proyectos donde invierto y me va bien, fue justamente por los palos que me pegué antes. En mi caso siempre fue probar. Hay que animarse a tomar riesgos, pero controlados.
Otra cosa es la inconsciencia... -DP: ¿Cómo se controlan los riesgos? -FD: Hay gente que emprende porque está cansada de su laburo.
Eso es una inconsciencia. Tomar un riesgo es ver un proyecto interesante, que puede ser una idea de negocio; empezar a trabajarlo en tus tiempos libres, meterle pilas. Cuando uno se siente cómodo y cree que avanzó, recién ahí largaría mi laburo. Está esa onda de "largo todo y me pongo a emprender".
Yo recomiendo que jamás lo hagan.