Allí, muchos argentinos se benefician con las recetas del paisaje. Una línea regular de transporte fluvial conecta a la villa con Tigre, cercana a Buenos Aires, lo que facilita el arribo de compatriotas a las impecables arenas de la costa carmelitana.
En la Plaza Independencia, en el corazón urbano, también se respira la esencia de Carmelo. Niños, jóvenes, adultos y viejos, todos comparten el espacio, configurando sendas reuniones sociales. Anécdotas, chismes, bromas y leyendas le dan vida a ese tesoro que los uruguayos conservan como pocos pueblos en el mundo: el diálogo.
Charlando se pasan las horas, siempre acompañados por un mate, ladero insustituible en estas regiones, sin olvidar por supuesto la música y los relatos insólitos.
Claro que al momento del divertimento, el rélax de la zona cede su espacio para uno de los grandes atractivo de Carmelo, sus casinos. Los dos aparecen a la noche casi como una visita obligada para divertir a turistas y vaciar bolsillos nativos. Las luces también destellan desde la fachada del Four Seasons Resort, el más famoso y exclusivo de los hoteles locales.
Sin embargo, estos emprendimientos modernos no han logrado opacar las virtudes de Carmelo, que sigue fiel a su estrella. Fortín de ferviente signo uruguayo, con el temple forjado en épocas de antaño, es una visita obligada para extranjeros curiosos en busca de historias ricas y sobretodo, auténticas.