Los viñedos de los Valles calchaquíes, los más altos de América Latina, tienen desde hace 4 años un lugar específico e interactivo para que los turistas puedan conocer una historia que es parte de la geografía y la cultura de la zona: el Museo de la Vid y el Vino de Cafayate.
El camino hacia la ciudad salteña de Cafayate, ubicada al sudoeste de la provincia, es por sí mismo un viaje surrealista que cruza la Quebrada de las Conchas, donde las formaciones rocosas dejan adivinar figuras talladas por la erosión del agua y del viento.
En la ciudad, sobre la avenida Güemes haciendo esquina con Fermín Perdiguero, se alza una moderna construcción -el Museo de la Vid y el Vino-, emplazada en el predio donde se asentaba el antiguo museo, en la "Bodega Encantada".
En el ingreso, el visitante se adentra en la memoria de la vid -así bautizada la sala 1- donde la oscuridad reina para reconocer, de a poco, las bondades de esa tierra de maravilla.
Lo primero que se observa es una impactante visión del firmamento en las claras noches de Cafayate, donde el rumor sereno de las aguas bajo un concierto de grillos y ranas es acompañado por la poesía de un texto.
La tierra, elemento esencial, aparece en dispuestas dioramas (maquetas) que muestran el corte transversal del suelo, y se cruzan con el día y la noche que muestran la determinante amplitud térmica para una vid de las características de la zona.
Así como de los valles se asciende a las alturas, lo mismo ocurre en el segmento denominado "los viñedos más altos y bellos de América", donde se puede observar una maqueta de toda la ciudad enmarcada por los cerros que recorre desde el amanecer hasta que sobreviene la noche.
Desde ahí se pasa a un homenaje a los dos elementos esenciales para la vid: el sol y el agua. Por una pasarela estratégicamente dispuesta, el visitante pasa por debajo de un cielo donde se suceden el día cálido y la noche fresca.
En cuanto al agua, el camino que transitan los caminantes es en realidad un curso de agua proyectado con imágenes que muestran el poder del agua creando vida y permitiendo obtener los frutos de la tierra.
El próximo paso está marcado por el sonido incesante -acompañado de imágenes-, del trabajo del hombre. Un túnel con proyecciones filmadas con la técnica omnivisión 360º, marcan la experiencia total del trabajo en un viñedo.
Con el espíritu que acompaña toda la muestra, esta primera sala cierra con la uva como protagonista exclusiva, contando en primera persona su relación con el lugar y su gente, y su poética relación con la tierra, el agua y el sol de Cafayate.