En una media hora se puede llegar en vehículo desde el centro, por el Camino Costero -que es la extensión del bulevar Guillermo Brown-, de ripio, y tras pasar el enorme edificio del hotel Rayentrai que los lugareños llaman "elefante blanco", el corto trayecto hasta la reserva ofrece variados atractivos.
Entre éstos, se destaca a la izquierda el constante paisaje de cielo y mar con sus azules bien diferenciados -que varían según la luz del día- después de los arenales y pedregullos de la playa o los acantilados y la estepa desértica de bajos matorrales que también parece interminable, hacia el oeste.
Después de la primera playa, la del Kaiser, hay un gran médano donde se practica "sandboard" y pronto se ve la restinga de Punta Este, con sus piletones.
Tras una curva que aleja del mar al camino, éste retorna en Playa Paraná, donde está semisumergido el barco Le Folies, que se convirtió en sitio de snorkeling o buceo.
En la reserva, desde el mirador, se tiene una amplia panorámica del Golfo Nuevo y, con la marea baja, unas decenas de metros más abajo se puede ver la colonia permanente de lobos en un espacio de playa encerrado por el mar y los paredones, con grutas horadadas por el agua.
Además, en días de pocas visitas, es posible también ver reptiles, piches, roedores y otros animales típicos más grandes, como guanacos, choiques, maras y zorros.i