Las tortugas pueden mantenerse jóvenes por más tiempo si sus condiciones ambientales mejoran, algo imposible para los seres humanos.

Con 190 años, Jonathan, la tortuga gigante de las Seychelles que Guinness World Records calificó como el "animal más antiguo del mundo en tierra", fue noticia hace unos meses por ser el animal terrestre vivo más viejo del mundo. Pero, ¿por qué viven tanto las tortugas? ¿Cómo es el proceso de envejecimiento de estos reptiles? ¿Es muy distinto al nuestro?

Dos estudios recientes muestran que muchas tortugas que viven vidas excepcionalmente largas -algunas de ellas superan los 100 años- encontraron una manera de ralentizar o incluso desactivar por completo el deterioro debido a la edad. Los investigadores descubrieron que estos animales pueden mantenerse jóvenes por más tiempo si sus condiciones ambientales mejoran, algo imposible para los seres humanos.

Los rasgos químicos o físicos -como armaduras o caparazones- y la capacidad para desactivar la senescencia -proceso gradual de deterioro celular y de las funciones corporales- podrían estar detrás de esta longevidad en muchas especies de tortugas, incluidos galápagos, concluyen los artículos publicados en la prestigiosa revista Science.

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Jonathan, la tortuga gigante de las Seychelles

Jonathan, la tortuga gigante de las Seychelles

Uno de estos estudios fue liderado por la Universidad del Sur de Dinamarca y se centró en el proceso de senescencia.

En contra de las teorías generalizadas sobre envejecimiento, el equipo demostró que muchas especies de tortugas y galápagos encontraron una forma de ralentizar o incluso desactivar completamente la senescencia, es decir, evitar el riesgo creciente de muerte por deterioro gradual con la edad.

Las conclusiones del trabajo, realizado en tortugas de zoológicos y acuarios, puso de manifiesto que la senescencia no es inevitable para todos los organismos, aseguró la bióloga Rita da Silva en una nota de la universidad.

El estudio constató que el patrón de envejecimiento en estos animales no se asemeja al de los humanos u otros animales: la mayoría de ellas envejecen más lentamente y, en algunos casos, su senescencia es insignificante.

Hallan tortuga gigante en Galápagos que se creía extinta.mp4

En 2019 hallaron un ejemplar de una especie de tortuga gigante en la isla Fernandina de las Galápagos, que se creía extinta hace un siglo

De las 52 especies analizadas, el 75% mostró una senescencia extremadamente lenta, mientras que en el 80% era más lenta que en los humanos.

Según el estudio, algunas de estas especies pueden reducir su tasa de senescencia en respuesta a las mejores condiciones de vida en zoológicos y acuarios, en comparación con la naturaleza, explica Dalia Conde, también firmante.

Algunas teorías evolutivas sostienen que la senescencia aparece después de la madurez sexual como una compensación entre la energía que un individuo invierte en reparar los daños en sus células y tejidos y la que destina en la reproducción, para que sus genes se transmitan a las siguientes generaciones.

Sin embargo, se cree que los organismos que siguen creciendo después de la madurez sexual, como las tortugas, tienen el potencial de seguir invirtiendo en la reparación de los daños celulares y, por tanto, se consideran candidatos ideales para reducir e incluso evitar los efectos nocivos de la senescencia.

No obstante, el hecho de que algunos de ellos muestren una senescencia insignificante no quiere decir que sean inmortales, todos ellos acabarán muriendo por causas inevitables de mortalidad, como la enfermedad, afirmó Fernando Colchero.

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Muchas tortugas viven vidas excepcionalmente largas

Muchas tortugas viven vidas excepcionalmente largas

En el otro estudio, liderado por las universidades estadounidenses Penn State y Northeastern Illinois, se incluyeron datos recogidos en la naturaleza de 107 poblaciones de 77 especies de reptiles y anfibios.

Entre los hallazgos, los investigadores descubrieron que fenotipos protectores, como el duro caparazón de la mayoría de las especies de tortugas, contribuyen a un envejecimiento más lento y, en algunos casos, incluso a "insignificante", es decir, a la ausencia de envejecimiento biológico.

Para David Miller, de la Penn State, "si podemos entender qué permite a algunos animales envejecer más lentamente, podremos entender mejor el envejecimiento en los humanos y también informar sobre las estrategias de conservación de reptiles y anfibios".

Beth Reinke, de la Northeastern Illinois, indicó que "estos diversos mecanismos de protección pueden reducir las tasas de mortalidad de los animales porque no son devorados por otros. Así, es más probable que vivan más, y eso ejerce presión para que envejezcan más lentamente".

"El mayor apoyo a la hipótesis del fenotipo protector lo encontramos en las tortugas. De nuevo, esto demuestra que las tortugas, como grupo, son únicas".

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