Miguel Ángel Castellini, el ex campeón mundial mediano jr de la AMB, se retiró hace 40 años del boxeo venciendo por KO 9 en el Luna Park a quien le quitó la corona en la primera defensa, el nicaragüense Eddie Gazo. Esta fue su historia.

Tal vez sea uno de los campeones mundiales menos recordados, injustamente. Pero un día como hoy, hace 40 años, realizaba la última pelea de su carrera el pampeano Miguen Ángel “Cloroformo” Castellini, un 20 de setiembre de 1980, y se retiraba del boxeo definitivamente.

No fue un retiro más, ni ante cualquiera. Fue en el Luna Park, venciendo por KO 9 al nicaragüense Eddie Gazo, nada más y nada menos que el mismo que le arrebató su corona mundial mediano jr de la AMB (hoy superwelter) en el estadio Nacional de Beisbol de Managua, un complejo abierto lleno de militares que disparaban tiros al aire con ametralladoras y escopetas, porque Gazo era sargento.

Fue la noche en la que Castellini no fue Castellini; en la que no hizo nada; en la que prácticamente se dejó vencer por puntos. Le costó salir del vestuario y minutos antes de hacerlo repetía una y otra vez para quien quisiera escucharlo: “¿Y yo me tengo que ir a c… a trompadas con este tipo ahora? ¿Por qué me tengo que c… a trompadas con este tipo acá?”

Miguel no entendía que era porque él era el campeón mundial, y eso es lo que hacen los boxeadores. Y que de la misma manera, él ganó el título siendo retador, contra otro púgil que entonces era tan campeón como él, aunque en otro lugar. Aquella vez fue en Madrid, y el monarca, el español José Durán, lo hizo como local.

Claro, Castellini pensaba que –tal como sus antecesores Monzón y Galíndez- iría a defender su título a Francia, Italia, Mónaco, en el peor de los casos, Japón. O los Estados Unidos. Pero no. Le tocó Managua, en plena guerra civil, contra un sargento y con un clima que para él era insoportablemente abrazador, a estadio abierto, lleno de mosquitos e insectos molestos. El propio Tito Lectoure tuvo que pedirle a los organizadores que pararan con las ametralladoras, porque de lo contrario no habría pelea.

Así, sin pena ni gloria, Cloroformo resignó el título el 5 de marzo del ’77. Pero a la siguiente se dio el gusto de ir a Dinamarca a combatir a 10 runds, aunque cayó por KO 3 ante el ugandés Ayub Kalule, más adelante heredero de la corona.

Contra Gazo en el Luna fue el broche de oro para su carrera. El KO 9 que obtuvo fue el que quizás debió haber sido. Vaya a saberse. Gazo hizo luego 5 peleas más, todas derrotas, 4 de ellas antes del límite, y antes del 9º.

Pero a Miguel no le gustaba boxear. Era obvio. Él mismo lo confesaba. Triunfó porque lo hubiera hecho en cualquier disciplina a la que se dedicara, por condiciones naturales, constancia y conducta. Fue en boxeo, como quería su padre. Tampoco le erró demasiado, porque el destino lo dejó ligado para siempre al deporte de los puños: desde su retiro regentea su propio gimnasio en pleno centro con su nombre.

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