El protagonista de Crónica de un Niño Solo, la primera película filmada por Leonardo Favio, recuerda cómo fue trabajar con él y toda la magia que rodeó ese importante capítulo de su vida.

Diego Puente, el protagonista de la primera película filmada por el inolvidable Leonardo Favio, Crónica de Un Niño Solo, tuvo una entrevista exclusiva con DIARIO POPULAR en la que recordó cómo fue trabajar con el inolvidable artista y sus contactos con el director.

¿Como fue que pasaste a formar parte del elenco de la película?

“Crónica de un niño solo”, en mi vida, es absolutamente mágica de principio a fin. Conocí a Leonardo mientras disfrutaba de unas vacaciones en el Tigre. Mientras yo nadaba en el muelle él llegó con mi tío Jorge Montes, que era periodista de teatro y era muy amigo suyo. En ese momento él estaba por hacer el casting para el personaje protagonista de “Crónica” que iba a ser su opera prima. El ya había visto a algunos chicos en una convocatoria que había lanzado a través de las revistas Radiolandia y Antena y estaba por hacer la selección final. Y cuando me ve aparecer de la nada le dice a mi tío: “Jorge, este es Polín” (el protagonista del filme). Ahí nomás me propuso hacer la prueba en el los Estudios San Miguel donde había más de cien chicos convocados. Yo tenía diez años y no sabía si todo lo que me había dicho era cierto pero fui temprano, hice algunas pruebas de cámara y a las 2 o 3 de la tarde me llevaron a la peluquería y me raparon. Entonces me di cuenta de que me había elegido como protagonista. Para mi fue el comienzo de una historia que no terminó nunca y que no va a terminar jamás porque las obras de arte superan ampliamente a sus creadores y en este caso, la obra de arte que fue la vida de Favio lo va a sobrevivir por mucho tiempo. Leonardo Favio ya no es un director extraordinario sino un director de culto y yo tuve la enorme suerte de ser el David de Miguel Ángel.

Dado que eras tan joven al empezar a filmar ¿Habías estudiado teatro o tenías alguna preparación en el arte actoral?


No tuve ninguna preparación. Ni siquiera en una fantasía pensé que iba a hacer algo que tuviera que ver con la actuación o con el canto. Yo solo pensaba en el deporte.

¿Y cómo le explicó Leonardo Favio que tenía que hacer en el plano actoral?


Yo era muy joven, al igual que Favio que en ese entonces tenía unos veinticinco años. Esa precocidad, porque tampoco Favio estaba muy preparado, hace suponer que nos encontrábamos ante un hombre poco común. El me llevaba al lugar donde íbamos a filmar, nos sentábamos juntos y me explicaba lo que íbamos a desarrollar. Me decía qué sentía ese chico: que lo habían abandonado, que lo habían olvidado, que lo habían rechazado, y que tenía tristeza, bronca, impotencia, etc. Y si no era lo que él buscaba, volvía a explicarme, me corregía y trataba de mostrarme cómo era lo que quería lograr. Fue un gran titiritero y lo supe cuando, a través del tiempo vi como algunos grandes actores lograron su momento cúlmine con él, por lo menos desde mi opinión.

Al ver la película se puede apreciar de forma realmente cruda el maltrato hacia los niños del orfanato. ¿Era real todo eso o muy bien fingido?

En realidad, Favio buscaba el máximo de realismo. Y tuvo que convencerme de que yo siguiera en la película más de una vez por ese tema de la agresión. La escena donde mi personaje es castigado porque intentó fugarse y deja de correr y el personaje lo reprime con una cachetada fue real. Me dio una cachetada enorme y yo sufrí mucho porque no entendía cómo era el tema. El director me convenció de que estábamos haciendo algo importante y que mi forma de nivelar el tema era que cuando yo le diera una respuesta fuese con la mayor vehemencia posible. Y ahí lo vi como una manera de “empatar” y me convenció. El me convenció de que yo estaba haciendo algo que realmente valía la pena y yo terminé sintiéndome muy identificado con este personaje marginado, que era un chico que no había tenido las posibilidades que yo tenía.

¿Cómo fue tu reacción cuando fuiste a ver la película al cine en el momento de su estreno? ¿Qué dijeron tus padres? ¿Estuvieron ellos presentes en la filmación?

Mis padres no estuvieron en casi ningún momento de la filmación. Me venía a buscar Eliseo Subiela que era el asistente de dirección de la película y a veces hacíamos viajes hacia lugares recónditos en colectivo. Es sabido que Favio hizo esta película casi sin dinero y fuimos muchos los que hicimos ad honorem nuestro trabajo. Yo creo que cuando la estrenamos no entendía muy bien la dimensión que tenía, si esa película iba a ser distinguida entre otras y si tenía valores para triunfar. Pensaba en el éxito porque me hablaba mucha gente y me hacían muchos reportajes, pero yo no sabía si eso era lo que Favio esperaba. Yo no estaba muy contento con mi trabajo, recuerdo vagamente, porque pensaba que lo podía haber hecho mucho mejor en algunas partes, que podía haber dado más de mi y mucho más. Obviamente que se confunden todas estas sensaciones y apreciaciones con el momento en el que pasó todo esto y con el momento que yo encontré que había estado en un lugar impresionante, sobre todo cuando tuve la oportunidad de conocer el cine y ver qué películas había habido antes de Favio: ese cine acartonado, de diálogos en idiomas neutros, con fondos de papel pintado no se comparaba con esta película filmada en la villa. Yo vi por primera vez un travesti ahí, entendí que había prostitución ahí. Tenía diez años y había estado muy cuidado por mi madre. Esto superaba a todo lo que yo conocía.

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La película tuvo dos premios muy importantes: El premio del festival de Mar del Plata de 1966 y el Cóndor de Plata del mismo año. ¿Fuiste a las entregas de premios? ¿Cómo te influyó eso en tu incipiente carrera artística?

Fue espectacular ir a Mar del Plata porque vi tantos actores que yo solamente conocía por las revistas o por la televisión. Que me levante en andas Palito Ortega cuando terminó la proyección, fue realmente un golpe muy grande. Estuve en el Hermitage. Y de la misma forma en que no estaba entre mis planes estar en una villa tampoco estaba ese hotel. Ambas cosas fueron muy fuertes, al igual que los premios. Pero además, “Crónica” ganó la reseña de todos los festivales del año ´64 en Acapulco (México). A ese festival fueron todas las películas ganadoras y ganó “Crónica”. Y yo avalo una versión que siempre contaba Leonardo en cada entrevista: él tenía un desprecio enorme por los premios y por eso me regaló el que ganó en México unos seis u ocho años después.

Después de “Crónica de un niño solo” hiciste tres películas más pero ninguna con Leonardo Favio ¿Por qué?

El me llamó para trabajar en Aniceto, 3 años después de “Crónica”. Pero en ese momento prioricé el colegio porque para filmar tenía que ir a Mendoza. Leonardo incluso habló con mi mamá y le dijo que no era bueno para un chico como yo estar en un ambiente de famosos, complejo y complicado. Yo hice las siguientes películas como Turismo de Carretera de Rodolfo Khun y Necesito una Madre de Fernando Siro, e inclusive trabajé en teatro con María Luisa Robledo. Pero el punto fundamental era que yo no estaba preparado para ser una persona famosa y conocida y recibí con mucha dificultad que me hablaran muchas personas que no conocía y eso no me agradaba. Y mi fanatismo por los deportes pudo más, y entonces, en un momento en el que me llamaban de la televisión, decidí con mis padres que no quería trabajar más y no me arrepiento.

Tu reencuentro con el cine volvió casi treinta y cinco años después…

Si y fue más que nada una obra de buen padre. Mi hija Jimena era directora de arte de un cortometraje de un amigo y me contó que tenían alquilados todos los equipos y tres días antes de empezar a filmar se quedó sin protagonista. Y mi hija le ofreció presentarme al director a pesar de la diferencia de edad que tenía con el protagonista. Por mi hija voy nadando a Europa así que volvía a trabajar después de mucho tiempo.

¿Y como te sentiste?

Estuve más contracturado de lo que hubiera deseado. Hubiese querido estar más suelto y no me gustó mucho mi trabajo pero todo es subjetivo y tal vez pensar en el hecho de que Favio era un tipo fuera de lo común para manejar a los actores me haya llevado a pensar que no era tan malo lo mío.

¿Seguiste manteniendo contacto con Leonardo Favio luego del éxito de “Crónica”…?

Si. Mientras él fue uno de los mejores amigos de mi tío seguí comunicándome con él y de alguna manera enviándonos saludos. Sabíamos cada uno en qué estaba el otro. No teníamos una relación estrecha y volví a verlo cuando un programa de televisión conducido por Víctor Laplace nos volvió a reunir en el estudio de forma sorpresiva. Y después hubo varios acontecimientos donde se celebró a Favio y a la película y siempre fui invitado así que fui al festival de San Rafael, al de Pinamar. Nos vimos en todas esas oportunidades y él siempre me trató con mucho cariño y yo con mucha admiración le dije cuánto le agradecía haberme llevado en una alfombra mágica a estar en el momento y lugar indicados para tener una especie de segunda vida donde me siento casi como en el Olimpo.

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Después de tantos años, ¿creés que el mensaje de la película ha llegado en forma correcta al público?

De lo que estoy seguro es que cambió la mentalidad de los amantes del cine porque no hubo club que no considerara a “Crónica” una película de culto como a toda la filmografía de Leonardo Favio. Cuando se hizo la elección de las 100 mejores películas argentinas, tres de ellas están en las primeras diez posiciones. Por otro lado, yo creo que Favio pone como un sujeto importante de la historia a la gente ignota, a la gente marginada. Esa gente pasó al primer plano con Leonardo Favio. El dijo: “esta gente tiene talentos, tiene amores y además influye en la vida de todos los demás. Esta gente no está en las páginas de los diarios ni filma películas pero es protagonista de la historia”. Eso es lo que Favio ha dejado absolutamente en claro, pero además en películas fantásticas suyas como Nazareno Cruz y el Lobo habla sobre fantasías populares de pueblo, casi no conocidas por el mundo aristocrático o literario. Favio fue siempre la voz del pueblo pero mostrada de una manera muy emotiva y muy afectiva.

En el año 2000, el Museo del Cine organizó una encuesta en la cual varios directores y guionistas eligieron las mejores 100 películas argentinas y “Crónica” resultó ser la primera. ¿Coincidís con este resultado?

Esa encuesta fue absolutamente subjetiva. “Crónica” fue la más votada porque cuando cada uno de ellos eligió sus películas, la mayoría puso a “Crónica” en su lista y por eso quedó en primer puesto. Eso no implica que para todos “Crónica” fue la mejor y para mí tampoco. Hay muchas películas argentinas que me gustaron mucho y tiene que ver con la sensibilidad de cada persona y qué parte de cada uno está preparada para recibir el golpe. Yo prefiero, de la filmografía de Favio a Juan Moreira y algunas partes de Gatica y de Nazareno Cruz que me parecieron maravillosas por la estética. De la filmografía argentina en general me gustaron La Tregua, La Historia Oficial y otras tantas películas maravillosas.

¿Y considerás a Favio el mejor director argentino?

Voy a hablar por boca de ganso y decirte que conmigo hizo milagros. No quiero ofender a nadie pero de los actores que él tuvo en sus manos, no le vi a ninguno hacer algo mejor que eso. Por supuesto que Federico Luppi es un actor consagrado y Alcón es otra gloria pero lo que él ha logrado con los otros, para mí, fue el pináculo de sus carreras.

¿Entonces para vos no es un dotado solamente para dirigir sino para lograr sensaciones en los artistas?

Yo creo que él tenía la capacidad de transmitir sus sentimientos y sus emociones y hacer que ellos vibren con la misma fibra que él. Y otro de sus fuertes era la fotografía. Eran increíbles los cuadros que lograba. Son cuadros pictóricos donde cada uno vale por sí mismo. Ese foco, junto con una música especial transmiten miles de ideas, de sensaciones y de sentimientos. Entonces es muy difícil que alguien logre tantas cosas con poco y nada porque en todas sus películas tuvo problemas de presupuesto y en todas hubiera hecho muchas más cosas si hubiese tenido un mayor respaldo.

¿En qué lugares se filmó la pelicula?


En el río Matanza a unos 200 o 300 metros de la Ricchieri; en esos tiempos te podías tirar a ese río y salir vivo. La villa de emergencia es la de Olivos frente al cementerio de la calle Pelliza que en esos tiempos era muy precaria. El orfanato era el edificio de la vieja facultad de Arquitectura y urbanismo. El filmó justo antes de que lo demolieron.

A 40 años del estreno de la película Favio te escribió una carta que te entregó en el festival de Pinamar…


Si lees esa carta te vas a dar cuenta de que no solamente está escribiendo alguien generoso sino también de alguien que manejaba muy bien la calidez y el amor y la ternura. Era un tipo de una enorme humildad, un genio absoluto que me ha hecho partícipe de algo que no soy, porque no soy más que una marioneta con un gran titiritero. Me da un placer enorme haber sido el Polín de Leonardo Favio y sentirme tan parecido a él, con una similar sensación de amor por la gente. Favio me dejó un camino de emoción y de orgullo que me da para esta vida y para varias más así que “cartón lleno” para mí con esta historia.



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