Roberto Ernesto Galán nació el 21 de febrero de 1917. En sus 83 años de vida hizo de todo: fue locutor de radio, presentador de televisión, cantante, gremialista y hasta tuvo tiempo de dedicarse a la publicidad.
En 1943, junto a varios colegas, fundó la Sociedad Argentina de Locutores. Una reunión laboral terminó siendo el puntapié inicial de la formación de un nuevo gremio. Años antes de morir, así lo contaba Galán: “La idea surgió durante un encuentro propiciado por la Dirección General de Correos y Telégrafos, que solía convocar todos los años a locutores de las principales emisoras porteñas para conducir el tradicional desfile militar del 9 de julio en la zona de Palermo. Al conocernos los locutores, nos dimos la mano, ya que estábamos distanciados y competíamos entre nosotros. Al primero que se le ocurrió la idea de unirnos fue a Jorge Homar Del Río, que había concurrido por Radio El Mundo. Cuando esperábamos que nos dieran una suerte de libretos, Del Río preguntó acerca de formar una entidad que agrupara a los locutores. La propuesta gustó y yo fui a pedirle un lugar para reunirnos a Julio Korn, que tenía su editorial en un viejo edificio de la calle Corrientes 830 donde publicaba la revista Antena. Desde allí, llamamos a todas las emisoras, invitando a los locutores a reunirse. En la primera noche, se presentaron locutores de todas las radios. Esa comisión se comprometió a convocar una asamblea general y así se hizo”.
Portador de un gran sentido del humor, Roberto Galán supo divertir a varias generaciones de argentinos. Su participación junto a La Tota y La Porota, emblemáticos personajes interpretados por los actores Jorge Porcel y Jorge Luz, es muy recordada a través de los años.
El casamentero número uno de la televisión argentina tuvo seis ex esposas. La última, Alicia Paressi, fue la definitiva. Su única hija, Florencia, fue producto de una relación anterior con la cantante de tango Inés Miguens.
En una reunión con amigos en Panamá, Galán decidió que había dos almas que debían estar juntas. Así fue como se encargó de unir al, en ese entonces, al exiliado Juan Domingo Perón y a una bailarina de nombre María Estela Martínez Cartas.
La historia de Perón e Isabelita, después seguiría con un casamiento en España y regreso triunfal a la Argentina.