Creador incansable, realizó innumerables muestras de sus dibujos a lo largo y a lo ancho del planeta. “Soy antes que nada humorista, por vocación filosófica y porque no sé hacer otra maldita cosa que dibujar y escribir, sobre todo humor”, comentó hace un tiempo en su blog personal, Cilencio no se Calla.
Pocas horas después del fallecimiento del destacado humorista, su hijo, Alejandro, escribió en Facebook: “Muchos disfrutaron de su inteligencia y muchos otros de su afecto, pero quedará en el recuerdo de todos por su obra”.
“En el momento más agobiante de la dictadura sus chistes en Humor fueron una bocanada de libertad que le sirvió a muchos para seguir creyendo en que algún día se acabaría. Y llegó al día que se acabó”, aseguró.
En la redacción lo recordamos con el cariño de siempre. Nuestras condolencias a sus familiares y amigos.