La casa no está en orden por el barrio de Núñez. River no se termina de ensamblar para ser esa máquina que todo el hincha riverplatense quiere volver a ver. Golear, gustar y ganar son tres palabras que hace rato no se utilizan para describir a este Millo que hoy lo dirige el DT con el paladar más negro en comparación a todos los que pasaron por el banco Millo, Ramón Díaz. Ramón tuvo un amor frustrado de verano por el cual pidió día y noche: un enganche (Jonathan Fabbro) que jamás llegó. Está bien, el hincha pudo bancarse esa negativa por la simple aura ganadora del Riojano en el banco de suplentes, incluso llegó a mirar con buenos ojos la defensa de tres hombres pese a los sustos y taquicardias que podía llegar a ocasionar pero, mientras el Final sigue marcando los minutos, los rivales de peso hacen pasar vergüenza a La Banda poniendo al desnudo sus falencias defensivas y ofensivas. No hay juego. Falta ese pase entre líneas que despache la pelota limpia a los delanteros y, lo más importante, está brillando por su ausencia el gol y peligro en ofensiva.