A River le falta juego, un asistidor que si bien pasa desapercibido durante gran parte del encuentro, genere cierta esperanza mesiánica que saque de la manga un pase magistral que termine en gol. El Millonario no tiene dinamismo y, como pueden, los de arriba se las ingenian para tratar de agarrar la bocha ante la falta de asistencias profundas. Para colmo, Ramón Díaz tendrá la dura tarea de recuperar sí o sí este semestre a Fabbro en caso de que Lanzini no pueda ser aquel enlace que el Millonario necesita y pide a los cuatro vientos.
Ante Boca no se vio juego claro mediante la idea de un diez. Las llegadas en River, en gran parte, terminaron ocasionándose desde las calles laterales pues Ramón ve en Vangioni y Carbonero dos aviones de ataque pesados que con centros sofocan el área rival. El sistema táctico ramoniano está definido. Tres hombres abajo, quienes deberán ajustar la marca para no frenar corazones, cuatro volantes, que por los laterales deben lastimar, un enlace, que por ahora adeuda ingenio, y dos tanques ofensivos que prometen goles si de nombres se trata.