Y aquí es donde Gallardo, sin siquiera mencionar a Arruabarrena, recuerda una situación con aristas similares a las que vive el Vasco en Boca, pero también muestra una salida, al menos la salida que él encontró...
"Siempre hay momentos en los que uno tiene que volver a las bases. Hemos pasado varios momentos de esos. Me acuerdo después del clásico del verano contra Boca el año pasado (River perdió 5-0), de esa derrota dolorosa, a la semana teníamos que jugar la Recopa Sudamericana contra San Lorenzo. Y parecía que se venía el mundo abajo, era lo que nos querían hacer creer desde afuera. Entonces desde adentro hubo que estar convencido de lo que quiere y generar ese vínculo de hermandad con los futbolistas, para que ese lazo nos haga fuertes. Porque en las buenas somos todos rubios de ojos claros. En las malas debemos reforzarnos, unirnos, y esos son los momentos en los que ven de qué estás hecho. Yo no dudé de los jugadores, ellos no dudaron de mí, nos fortalecimos y ganamos los dos partidos contra San Lorenzo. Ahí vimos que no era como nos habían hecho creeer. Después, en la Copa Libertadores, estuvimos dos veces al borde del nocaut: si no hubiésemos creído que se podía, habríamos quedado afuera rápidamente. Y volvimos a sostenernos. Te quieren hacer ver que no está tan bien la cosa, o te hacen dudar. Y cuando te entra la duda, es jodido, es muy difícil, en clubes de tanta exposición, por lo mucho que generan para adentro y para afuera, en clubes grandes como River, es tremendo: si te entra la duda, chau, perdés".