Desde su debut en la Selección argentina, en 2005,
Messi disputó cuatro finales. La primera fue en la
Copa América de Venezuela, en 2007. En aquella ocasión, Brasil apabulló a los entonces comandados por Alfio Basile por 3-0. Tuvo que esperar siete años para volver a alcanzar un encuentro decisivo. La segunda chance ocurrió en el Maracaná: Alemania ganó 1-0 y el capitán tuvo una jugada donde la pelota se fue por al lado del palo. El año pasado, en Santiago de Chile,
tuvo la tercera, que no fue la vencida: Chile se quedó con la Copa América por penales. Y ahora, en Nueva York, volvió a caer a través de la definición desde los doce pasos. No brilló. No tuvo su mejor partido. Pero a diferencia de otras finales, se comprometió totalmente con el juego: encaró, buscó asociaciones, pateó al arco, causó temblores cada vez que arrancaba con la cancha de frente. Pero no se consagró con el gol. De hecho,
no convirtió en ninguna de las finales que disputó con el combinado nacional.