Foto: Laura Tenenmbaum"El
General Perón simpatizaba con Racing. Aunque muchos no lo quieran aceptar". Quique está convencido. Su argumento es el préstamo de tres millones de pesos que en 1946 el Estado le otorgó a Racing para la construcción del estadio. Sin embargo, el gran impulsor fue su
Ministro de Hacienda, Ramón Cereijo, quien un año más tarde gestionó otros ocho millones de pesos que fueron clave para levantar esa mole de cemento que hoy se erige en el centro de Avellaneda.
Con su pantalón corto y con la barra de amigos, Ochoa caminaba por la zona y jugaba. "Me acuerdo que íbamos siempre a verlo con mi papá. Los pilares se levantaban y había muchos hombres trabajando. También jugábamos por ahí", añade. "A veces íbamos y nos quedábamos a ver cómo trabajaban. Yo imaginaba algo quizá parecido a la cancha de River, pero no pensábamos que iba a ser tan grande
. Nos generó una gran emoción".
La particularidad de la
Ciudad de Avellaneda de tener dos gigantes de cemento a menos de 200 metros estuvo a un paso de no ser realidad. "Por suerte nos quedamos. Se perdió el acta de esa asamblea, pero muchos lo querían llevar a Retiro. Había unos terrenos ahí y querían hacer el estadio allá", señala Quique. Tras la recepción del crédito, varios dirigentes de la comisión directiva de ese entonces --bajo la sugerencia de Perón-- querían trasladar la cancha a unos terrenos emplazados en donde hoy está el Hotel Sheraton. Sin embargo, esa opción quedó trunca.
Acá hubiera estado el Cilindro en RetiroEn esa misma asamblea de 1
947 se decidió que el "Coliseo" --como iba a ser llamado-- se construyera sobre el viejo estadio de tablones. El 1° de diciembre de ese año, la vieja cancha fue testigo de su último partido ante Rosario Central. Allí, un par de años después, Racing tendría uno de sus más grandes orgullos, que lo acompaña hasta la actualidad.