Poco tiempo después de alejarse del Rojo, De Felippe fue campeón en Ecuador, Almirón le hizo dar la vuelta olímpica a Lanús y Pellegrino le ganó a Barcelona a poco de asumir como DT de Alavés.
A esa magnitud de histeria deberá hacerle frente Holan, un entrenador que llega desde un pago diferente a los habituales. Ni histórico del club, ni campeón, ni de fuerte personalidad, ni veterano en el oficio. Al igual que Almirón, Pellegrino y Milito, es hincha de Independiente pero, a diferencia del resto, llega apuntalado por un moderno y revolucionario sistema de trabajo, nutrido con varios elementos que captó en el hockey, deporte en el que fijó sus bases de entrenador.
Defensa y Justicia, con un presupuesto muy limitado para comprar jugadores, fue su primera experiencia oficial. Y pronto encontró resultados que le permitieron ganarse un lugar de privilegio entre los analistas especializados. De hecho,
con el Halcón eliminó al Rojo de la Copa Argentina en el debut de Milito. Todos los jugadores que han integrado el plantel de Defensa, en la primera y en la segunda temporada, hablan maravillas de su don de gente y su manera de dirigirse al grupo con un lenguaje claro y conceptos que se asimilan fácilmente.
Holan, además de su habilidad para
obtener el diagnóstico preciso y el tratamiento adecuado, tendrá que hacerse cargo de un grupo que ya lleva un par de temporadas juntos. Se conocen todos a la perfección. Con esfuerzo y lucidez, de un lado y del otro, Independiente puede llegar a dar los pasos necesarios como para asegurar que volvió a caminar. Los ingredientes para que los hinchas renueven su ilusión y se animen a creer desde un apoyo incondicional que entienda que son otros tiempos, están sobre la mesa. A cocinar; hambre, sobra.