"Me interné, estuve pasándola en una clínica con gente que no conocía, que la notaba que no tenía nada que ver con mi palo. Todo eso también te lleva a darte cuenta de cómo te fuiste equivocando en el camino y decís: no quiero esto", confesó. El momento cúspide y riesgoso fue en 2023, después de una extraña noche en una fiesta de Punta del Este en la que terminó herido. Fue quizás el llamado de atención que necesitaba para pegar un volantazo y enfrentar el problema:
“Estuve muy renegado de entrada, pero después me terminó haciendo bien. Estuve un mes. Fue un montón y a la vez no tanto".
Una internación no termina con todo, por eso, el 'Pocho' sabe que debe seguir desafiándolo, con la incertidumbre de no saber quién ganará:
"Hoy sigue estando, sigo luchando y sigo en tratamiento para seguir mejorando. Es una pelea constante. Pero perdimos tres finales, a alguna de las que vengan, la cuarta o quinta, le tengo que ganar”.Lavezzi no estuvo solo. Necesitó de empujones para abrir los ojos, mirar alrededor, ponerse en la vereda de enfrente. Allí está Tomás, quien un día decidió poner a su papá en su lugar.
"Una de las cosas que me marcó fue que mi hijo me siente y me diga un montón de cosas. Dije, 'No, ¿qué estoy haciendo?’”, confesó el exdelantero. Para él, la mirada de su hijo, hoy con 21 años, le dio un ultimátum.
"No le puedo cagar la vida", reflexionó en ese entonces.
"Viví con ansiedad. Me lo encontré de golpe a eso, pero por suerte tuve mi familia y gente muy linda al lado que me ayudó a que tomara decisiones para mejorar".
En su recaída, volvió a vivir la infancia y adolescencia que pasó en Villa Gobernador Gálvez, Santa Fe, donde tuvo su primer encuentro con los excesos. “A casi todos mis amigos de mi edad la verdad que el barrio se los comió. Yo me considero un afortunado y que el fútbol me salvó. Pero tengo la verdad que muchísimos amigos murieron”, contó sin tapujos, pero con la voz entrecortada, que esconde el dolor se haber perdido a los suyos.
Podría haber sido su camino y quizás el hoy hubiese sido mucho peor de lo que es para Lavezzi. Después de salir de Rosario Central y ser rechazado por Boca, su hermano menor no dejó que se rinda fácil y lo llevó a una prueba en Estudiantes de Buenos Aires. Una salvación. “Un día me tocó darme cuenta de que ya no era rocho. Jugaba a la pelota y tenía que vivir de jugar a la pelota y disfrutar de eso. E hice así, cambié, dejé de lado esa parte y empecé a vivir y a disfrutar con todo lo que me estaba pasando. Es una decisión difícil, porque tenés que dejar de lado todo lo que vos venías viviendo y que tenía que ver con tu infancia. Y hacer ese salto me costó un huevo, pero cuando lo hice fui siempre para arriba”.