Entonces, sucede una alianza inesperada. Twitter tira los títulos y a caso con dos o tres seguidos, desarrolla algún concepto y, sobre todo, cumple horarios. Cuando baja el sol, también dejan las oficinas los antiguos dueños de la información y
se acercan con lo que se le escapó al pajarito o, mucho mejor, dejaron para difundir al día siguiente. El momento es épico, no hay aplicación de por medio, median las palabras y una persona vuelve a estar en el centro de la escena, cuatro o cinco la escuchan y vuelven a llamar a sus trabajos para contar cosas que no están en ningún lado. Las dos partes se extrañan y están de tregua:
la democratización de la información igualó a los seguidores de la cuenta con los periodistas que están en la casa de Don Julio. El Cuervo –Pajarito al fin-, los dejó como pajarones y como sintetiza el dicho, muchos esperan que se baje a dos pájaros de un tiro. Y los clubes de ascenso e interior, que muchos tratan como pichones, juntos son un águila guerrera que parecen estar encarando el trabajo.