Sin chances de titularidad, cuando el DT era el Turco Mohamed tomó la difícil decisión de emigrar a Belgrano donde después de superar una lesión en el tobillo terminó jugando y madurando. Allí marcó un solo gol para regresar al Rojo que estaba bajo la tutela de
Cristian Díaz.
Sabida es la historia que terminó con el Rojo cayendo a la segunda división y claramente no es difícil
de imaginar que el volante (como tantos otros) fuera blanco de críticas descarnadas. Pero el volante se hizo patrón en la B Nacional: sacó pecho y fue uno de los que creció de golpe, vendió la piel en cada pelota y tuvo autoridad para afrontar cada partido. Siempre sostuvo que en primera las cosas serían
diferentes y si bien jugó lesionado,
logró el ascenso.
El despliegue del volante, a quien Jorge Almirón lo ubicó por adentro, pagó con creces desde la primera fecha con el gol ante Rafaela y un gran rendimiento. Le seguidilla de goles despertó la mirada de Gerardo Martino quien lo nombró para una posible llamada a la selección.
Pero lo más importante que transformó a Mancu en ídolo indiscutido. Sus siete goles en nueve partidos (seis consecutivos) lo dejaron cerca de superar el récord de
Germán Denis en 2007 con siete consecutivos. Mancuello vive su momento de éxito, sin contrato aún de manera increíble, pero
dejando la vida por la camiseta que ama.