-¿Es verdad que a D'Alessandro, Demichelis y otros ídolos nunca les ofrecieron volver?
-D’Alessandro vino un día a la cancha, le taladré la cabeza y estuvo dos horas para decirme que no. Después renovó con el Inter por tres años. En cuanto a Demichelis, se acercó a hablarnos a mí y a Pasarella en un restaurant, donde nos cruzamos de casualidad. El presidente le ofreció regresar y él aseguró que después de jugar la Copa de Campeones con el Málaga, iba a volver al club. Respecto de Saviola y Aimar, sus representantes me dijeron que no es el momento de pegar la vuelta.
-¿No vienen sólo por esos motivos o hay algo que no trascendió?
-No, para nada. Me parece maravilloso que prefieran quedarse unos años más en Europa o en otro país cobrando millones de euros. ¿Para qué van a venir? ¿A cobrar 500 mil dólares? De la misma manera, valoro que Cavenaghi y Domínguez hayan venido. Igualmente, no vinieron gratis como ellos cuentan. Tenían uno de los contratos más caros del fútbol argentino. Sobre todo en un equipo que militaba en la B.
-¿En qué se equivocaron antes del descenso?
En la contratación de Cappa. Por eso lo echamos. A Astrada lo aguantamos hasta donde pudimos. Ambos se fueron antes del partido con Boca. Con Juan José López no nos equivocamos. Hizo lo que pudo. Con un plantel diezmado, estuvo a dos puntos. Muchos dicen que fue un error traer sólo a Bordagaray. Pero no fue así. Trajimos a Carrizo, Pavone, Acevedo, Maidana y Caruso, por ejemplo. Que no jodan más con eso. Digan la verdad. El técnico dijo, con mucha capacidad, que no necesitaba a nadie para el último torneo.
-¿Subestimaron la situación?
-No, hicimos todo lo posible para quedarnos. Eso de que “Daniel es un soberbio y subestimó la situación”, es todo mentira. Lo que hicimos no estaba mal hecho. No tenemos caca en la cabeza, tenemos sentido común. Además, cuando agarramos al club, no entraba un peso. La dirigencia anterior había cobrado todo antes de irse. Ya van a ver los contratos y el estado que le vamos a dejar a los que vengan a gobernar.
Producción: Martín Mena y Rodrigo Volpi.