Pero había más alegrías esperando. El 24 de mayo de 1992, Arsenal superó 2 a 1 a Alvarado en Mar del Plata en el ya desaparecido Estadio General San Martín, con goles de Roberto "Fito" González y Fernando Rizzo y, de esa manera, se adjudicó su derecho a jugar en el Nacional B. En el partido de ida jugado una semana antes en Sarandí habían igualado 2 a 2. Arsenal se hizo acreedor del ascenso tras ganar el zonal Sureste, donde previamente eliminó a Belgrano de San Nicolás y Cipolleti de Río Negro. El Vasco Roberto Iturrieta fue el técnico de aquel equipo y Héctor Grondona era el presidente.
Por ese entonces, pocos imaginaban que los capítulos más gloriosos de la historia del benjamín del fútbol argentino aún no se habían escrito. Hubo que esperar una década, a otro año terminado en 2, número que empezaba a transformarse en mágico para el pueblo de Sarandí. En el 2002, tras una recordada final frente a Gimnasia y Esgrima de Concepción del Uruguya, Arsenal logró tocar el cielo con las manos. Tras un 2 a 1 para los del Viaducto en Entre Ríos, y un 1 a 1 en Sarandí (la tarde en la que la tribuna cedió ante tanta presión), Arsenal logró su ascenso a Primera División. El empate anotado por Javier Morales se festejó largamente por Avellaneda; el gol de Gimnasia, cuariosamente, lo había anotado Luciano Leguizamón, héroe de la actualidad.
Y había más. En 2008, en medio de su felicidad, logró un premio que muchos equipos, cargados de historia, nunca tuvieron el privilegio de ganar: una copa internacional. La consagración se dio en cancha de Racing, donde el equipo dirigido por Gustavo Alfaro cayó por 2 a 1 (gol de Martín Andrizzi) ante el temible América mexicano, resultado que no fue suficiente para contrarrestar el 3 a 2 (Matellán y dos del Papu Alejandro Gómez) logrado en el juego de ida. Y fue vuelta olímpica cargada de lágrimas, para llevar a las vitrinas del club la Copa Sudamericana, honor que, en Argentina, sólo disfrutaron San Lorenzo, Boca e Independiente.
Ese logro le permitió participar de la primera edición de la Copa Suruga Bank que ganó en Japón ante el Gamba Osaka. Fue por 1 a 0, congol de Carlos Casteglione y con Daniel Garnero como flamante entrenador.
Hoy, todos esos logros parecen encogerse ante la grandeza de estampar su nombre en el cuadro de honor de los campeones del fútbol argentino. Un nuevo privilegio que nadie le podrá arrebatar y que quedará grabado a fuergo en las páginas de su breve, pero rica historia.