Bergoglio hizo este reclamo en el marco de un encuentro que concluyó ayer en la Universidad Católica Argentina, en Puerto Madero, donde unos 400 delegados renovaron estrategias para llevar el mensaje cristianos a los grandes conglomerados urbanos.
La crítica de Bergoglio tiene su fundamento en una realidad habitual, aunque poco denunciada, ya que se constata que no son pocos los sacerdotes de parroquias porteñas y del conurbano bonaerense que se niegan a bautizar a hijos de madres solteras o de uniones extramatrimoniales.
La Iglesia también pone reparos mayores a impartir ese sacramento a los bebés de matrimonios del mismo sexo, marco legal que tuvo una oposición fuerte de la jerarquía eclesiástica tanto católica como evangélica previo a su sanción.
De acuerdo con el canon 868, inciso 1, del Código de Derecho Canónico, para poder bautizar a un niño es necesario contar con el consentimiento de los padres o al menos de uno de ellos, y que haya esperanza fundada de que el niño va a ser educado en la fe católica.
La norma legal católica tampoco prohíbe el sacramento de un hijo cuyos padres tienen una relación contraria a las enseñanzas de la Iglesia, es decir, que no estén casados o cuando lo pide sólo la madre.