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16 de marzo 2018 - 16:59
Cómo se financia la Iglesia en otros países
El último martes Marcos Peña reveló ante el Congreso Nacional que en 2018 el Estado argentino destinará más de 130 millones de pesos a la comunidad eclesiástica. El método argentino se repite en países como Italia o Bélgica y se ubica en las antípodas del utilizado en Uruguay o Estados Unidos.

En su exposición frente al Congreso, el jefe de Gabinete debió responder a la polémica pregunta N° 25 formulada por el bloque Evolución. La misma consultaba sobre el total del dinero destinado por el Estado argentino para financiar a la comunidad eclesiástica.

Al responder, Marcos Peña , y además dio a conocer, según jerarquía, cuánto ganan.

- Obispos Diocesanos: $ 46.800

- Obispos Auxiliares: $ 40.950

- Obispos Eméritos: $ 40.950

- Administradores apostólicos y diocesanos: $ 46.800

Ante la impactante cifra, gran parte de la sociedad argentina comenzó a preguntarse cómo funciona el financiamiento de la Iglesia en otros países.

La subvención del clero varía principalmente en función de cómo es la relación entre el Estado y la Iglesia. Esto supone desde una financiación completa por parte del Estado hasta un presupuesto cero destinado a la religión.

Las distintas opciones son:

- El Estado como único financista: Argentina, Noruega, Grecia, Italia, Luxemburgo, Perú o Bélgica.

- Impuesto eclesiástico: Son los fieles quienes financian a la Iglesia mediante un impuesto –oscila entre el 3 y el 9 %- que se deduce de sus salarios. Así funciona en Alemania, Dinamarca, Finlandia, Islandia y Suecia.

- Aporte de los feligreses: Al igual que el caso anterior son los fieles quienes financian a la religión, aunque en este caso el Estado no interviene y el aporte queda a voluntad de los aportistas. Austria es un ejemplo de este tipo de sistema.

- Sólo por las donaciones de sus fieles: Este es el caso de Estados Unidos, Uruguay, Holanda, Francia y Rusia.

En el caso argentino además hay que sumar las excepciones impositivas, la realización de obras públicas -como la restauración de la Basílica de Luján en 2014- y la subvención a los colegios religiosos.

Ante estos datos vuelve a surgir la misma pregunta:

¿Estás de acuerdo con que se destino ese dinero a la Iglesia?

No