“Además, ese personal no reúne los requisitos necesarios para hacer este tipo de controles, que deberían estar a cargo de ingenieros con competencias relacionadas a la mecánica”, explicó.
La realidad es que con el boom inmobiliario vivido en los últimos años el número de ascensores se multiplicó sin cesar sin que nadie sepa con certeza cuál es la cifra de estos. La situación motivó un pedido de informes presentado por el diputado Fernando Sánchez para que el Ejecutivo porteño especifique cuántos elevadores hay, cuántos de ellos están habilitados y cuántos son clandestinos.
Rodríguez explicó que “en esta materia prevalece un gran descontrol que facilita que las obras nuevas pongan a funcionar ascensores sin que estén correctamente habilitados”.
En la actualidad, según la la normativa vigente, el mantenimiento de cada ascensor está a cargo de empresas conservadoras que a su vez contratan ingenieros. Estos profesionales realizan las inspecciones mensualmente y firman una cartulina, que es la que se ve en la cabina del ascensor.
“Los usuarios creen que esto basta para que el aparato funcione de forma segura, pero esto no es tan así”, advirtió Rodríguez que explicó que “el profesional está obligado a firmar un libro que está en la sala de máquinas y donde debe asentar todas las novedades”.
“Nunca deberían hacer observaciones sin asentarlas en ese libro, ni realizar trabajos que no queden allí registrados. Pero estas cosas no siempre suceden y se consignan arreglos que no se hacen o se omite otros que son necesarios”, dijo Rodríguez, que agregó que “los consorcios suelen dejar el mantenimiento del ascensor para el final, privilegiando los gastos sobre cosas que son más visibles”.