Los cueveros tienen su propia jerga:
rúcula (los dólares que se venden en las cuevas),
lechuga (dólares que se venden en bancos y arbolitos del centro),
pescados (clientes apurados o desprevenidos que pagan de más),
corretas (intermediarios entre cuevas), etc.
La actividad de la compra-venta de dólar en mercados “paralelos” está penada por ley. En la nota de Anfibia, una revista digital de crónicas y relatos de no ficción, Rebossio toma contacto con algunos cueveros, entre ellos C. L., un abogado de 37 años que lo sumerge en ese submundo y hasta le revela ciertos "problemas" a la hora de operar: "Un problema es que no hay billetes de más de 100 pesos. Cuando llevás pesos, llevás muchos billetes por todos lados".