Su obra, aseguran, no sólo fue milagrosa sino, además, benéfica, ayudando a los pobres y enfermos sobre quienes no actuaba como sanadora sino diciéndoles lo que sufrían y enviándolos a los correspondientes médicos

Irma Inglese de Maresco nació el 17 de julio de 1914, en Buenos Aires, en el hospital Ramos Mejía, hija de José Inglese y Angela Forte, que eran discípulos de la misión cristiana de Pancho Sierra y la Madre María. Irma fue bautizada en la iglesia de Nuestra Señora de Guadalupe, en Palermo, por el padre Gaspar, un sacerdote de gran carisma y sanación, quien vio en aquella niña una elegida para las obras filantrópicas y para la ayuda al prójimo. Desde pequeña, Irma fue creativa e inquieta. Al menos, así la recordaban en la escuela donde cursó sus estudios primarios, el Colegio Santísima Virgen Niña de Villa del Parque. Desde muy temprano comenzó a apreciar las figuras de la Virgen de Lourdes y Santa Bernardita, a quienes dedicó su devoción. El 10 de agosto de 1935 contrajo matrimonio con Miguel Antonio Maresco en la iglesia de Nuestra Señora de la Candelaria. La pareja tuvo dos hijos, Miguel, nacido en 1936, y Omar, que nació diez años después.


Intuitiva y dotada
Irma, que desde muy joven fue intuitiva y dotada por herencia materna, tenía como máxima preocupación la ayuda al prójimo, amando siempre a los niños, jóvenes y ancianos. Quizá por eso, según recuerdan los allegados, inició a su primogénito Miguelito en el apostolado de una gran Misión de “Fe”, “Esperanza” y “Caridad”. Además de su gran belleza física, los testimonios más cercanos señalaban que Irma poseía el carisma de la psicometría y, palpando las prendas de las personas que no podían ir a verla, ella ya comenzaba la misión de ayudarlos espiritualmente. Afirman que podía captar qué tipo de enfermedad padecían los dueños de esas ropas que le acercaban a centenas, o si tenían algún daño espiritual o depresiones. Luego, aconsejaba qué tipo de facultativo debían consultar y, si había algún tipo de maleficio, invocaba a Dios, la Virgen y a Pancho Sierra, cortando todo lo malo.


Las obras de Irma
En 1971, “obedeciendo el mandato de Dios mediante la intercesión de Pancho Sierra”, se preparó para fundar el Templo de Villa del Parque y Casa de Beneficencia, ya que, según afirmaron sus seguidores, la intervención divina le ordenó “sacar a su hijo, el hermano Miguel, del cementerio de la Chacarita”, donde predicaba junto a la bóveda de la Madre María. Desde esos momentos, los adeptos ya llamaban a la hermanita Irma con el nombre de “la Hermanita de la Caridad”.


El templo
Finalmente, tras muchos meses de arduo trabajo, en julio de 1972, la construcción del templo se hizo realidad y se pudo inaugurar. Irma ya sabía que esto le iba a costar la vida, de acuerdo con lo que algunos señalan, era parte del trato con el Señor, ya que ella iba a ser de mayor ayuda espiritual tras su fallecimiento físico. Tres meses después de esa gesta, el 31 de octubre, la Hermanita Irma Inglese de Maresco partió a la eternidad, a los 58 años.


Célebres amistades
Irma conoció a Don Orione en 1935, comulgando de las manos del Santo Padre en la Gruta de Lourdes, de quien ella era muy devota, como así también de Santa Bernardita. También fue la primera esclarecedora de la Misión de Pancho Sierra y la Madre María, siendo la principal inspiradora para que su hijo Miguelito llegara a convertirse en un predicador laico cristiano, conocido en toda América. La Hermanita fue, según apuntan sus devotos y allegados, una gran profeta. En 1943 conoció a Eva Duarte, de la cual se hizo amiga y le profetizó que llegaría a ser la Primera Dama de la Nación argentina. El testimonio de don Enrique Pavón Pereyra afirma que años más tarde, en 1952, tras la muerte de Evita, Irma declaró que Juan Domingo Perón pasaría un duro momento en su gobierno, que lo iban a derrocar y que pasaría al exilio por un largo tiempo, pero que regresaría nuevamente y terminaría su existencia con el mandato de presidente de los argentinos nuevamente. La Hermanita Caridad fue una mujer de una gran fortaleza espiritual, dotada de carisma. Por eso se dice que captaba de inmediato las influencias buenas y malas de todo aquel que a ella se le acercara y en más de una oportunidad, en el templo, percibía al instante si alguna persona venía a pedir algo negativo o contrario a la ley de Dios.

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