Luego, continuó: “Rusia quiere comerciar a gran escala con Estados Unidos cuando termine este catastrófico baño de sangre, y yo estoy de acuerdo. Existe una tremenda oportunidad para que Rusia cree cantidades masivas de puestos de trabajo y riqueza. Su potencial es ilimitado. Del mismo modo, Ucrania puede ser un gran beneficiario del comercio, en el proceso de reconstrucción de su país".
"Las negociaciones entre Rusia y Ucrania comenzarán inmediatamente. Así se lo he comunicado al presidente Volodimir Zelensky, de Ucrania; a Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea; al presidente Emmanuel Macron, de Francia; a la primera ministra Giorgia Meloni, de Italia; al canciller Friedrich Merz, de Alemania, y al presidente Alexander Stubb, de Finlandia, durante una llamada conmigo, inmediatamente después de la llamada con Putin. El Vaticano, representado por el Papa, ha declarado que estaría muy interesado en acoger las negociaciones. ¡Que comience el proceso!“, cerró el anuncio que no tardó en generar sorpresa a nivel global.
La palabra de Putin
Unos minutos antes, Putin había dado su versión del diálogo con Trump al hablar con periodistas de su país. Entre otras cuestiones, calificó a la conversación de dos horas como “significativa, sincera y muy útil”, y señaló que Rusia y Ucrania tendrían que encontrar compromisos que convengan a todas las partes.
El presidente ruso no reveló ningún avance y se limitó a decir que su país estaba dispuesta a trabajar para lograr un acuerdo de paz y un alto el fuego. “Solo tenemos que identificar las formas más eficaces de avanzar hacia la paz”, aclaró. "Putin y Trump hablaron también de un posible canje de nueve prisioneros por bando entre Estados Unidos y Rusia", indicó Yuri Ushakov, asesor de política exterior de Putin, a las agencias de noticias rusas. De concretarse, se produciría después de dos intercambios de prisioneros entre Estados Unidos y Rusia desde que Trump volvió al poder.
El llamado se produjo tras uno de los mayores asaltos rusos con drones contra Ucrania -casi 400 lanzados durante el fin de semana- y una ofensiva diplomática de funcionarios ucranianos y europeos que trataron de convencer a la administración Trump de la necesidad de un alto el fuego inmediato e incondicional, y de aumentar la presión sobre Rusia para que avance en el proceso de paz.