No obstante, Rubio confirmó que Trump tomó una decisión específica para permitir la llegada del senador brasileño, quien había sido derrotado por Lula en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales del domingo pasado y se encontraba bajo investigación por presuntos hechos de corrupción.
“El presidente dejó claro que, si llegaba a un puerto de entrada de Estados Unidos, se le permitiría ingresar al país mediante un permiso temporal de entrada, y así fue”, explicó el funcionario. También señaló que Bolsonaro ya había contado anteriormente con una visa estadounidense.
La aclaración buscó establecer una diferencia entre la supuesta colaboración para abandonar Brasil y la autorización migratoria otorgada una vez que el dirigente llegó a territorio norteamericano.
Avión privado
El excandidato presidencial abandonó Brasil acompañado por su esposa y sus dos hijas. La familia cruzó la frontera hacia Argentina y posteriormente abordó un avión privado en Puerto Iguazú, desde donde emprendió viaje hacia Estados Unidos.
La aeronave realizó una escala en Guayaquil, Ecuador, antes de aterrizar el miércoles en Miami, ciudad en la que Bolsonaro se instaló después de su derrota electoral.
Uno de los aspectos que despertó mayores sospechas fue la posible participación de personas cercanas al mandatario estadounidense en la organización del traslado. Según fuentes citadas por el diario The New York Times, Jason Miller, uno de los asesores políticos de Trump, habría gestionado el avión privado utilizado por la familia Bolsonaro.
Esa información alimentó los cuestionamientos sobre el alcance de la colaboración que pudo haber recibido el dirigente brasileño, aunque Rubio insistió en que el gobierno estadounidense no intervino directamente en los preparativos de su salida.
El episodio también tuvo consecuencias diplomáticas. La llegada de Bolsonaro a Miami profundizó las diferencias entre la administración republicana y el gobierno de Lula, que acaba de imponerse en una elección presidencial marcada por una fuerte polarización.
En ese contexto, Rubio coincidió durante la reunión del G20 con el canciller brasileño, Mauro Vieira, por primera vez desde que se conoció la llegada del excandidato a Estados Unidos.
El secretario de Estado confirmó que mantuvieron una conversación, aunque no ofreció detalles sobre su contenido. Además, anticipó que probablemente volverán a encontrarse en noviembre, durante la reunión del G7 prevista en Francia.
Los demócratas exigen explicaciones
La controversia también se trasladó al Congreso estadounidense. Un grupo de 25 legisladores demócratas envió una carta a Rubio para reclamar información urgente sobre la eventual participación de la administración Trump en la salida de Bolsonaro de Brasil.
Los representantes opositores solicitaron un esclarecimiento de las circunstancias del traslado y de las condiciones en las que el senador brasileño obtuvo autorización para ingresar a Estados Unidos.
En la misiva reclamaron “un recuento inmediato” de los hechos, ante las particularidades de la salida del dirigente y los procesos judiciales que rodean a figuras vinculadas con el bolsonarismo.
El planteo apunta a determinar si existieron gestiones diplomáticas, asistencia de organismos federales o mecanismos excepcionales que facilitaran el desplazamiento del excandidato presidencial.
Los congresistas también expresaron preocupación por las posibles consecuencias institucionales de una intervención estadounidense en un caso que involucra a un dirigente político extranjero investigado por la Justicia de su país.
Para los legisladores demócratas, resulta necesario establecer si las decisiones adoptadas por Washington respetaron los procedimientos habituales o si se concedió un tratamiento especial por la cercanía política entre Trump y la familia Bolsonaro.
La carta incorpora así un nuevo frente de cuestionamientos internos para la Casa Blanca, que deberá responder sobre el alcance de las gestiones realizadas y las condiciones migratorias otorgadas al dirigente brasileño.
Hasta el momento, el Departamento de Estado no había emitido una respuesta formal al requerimiento legislativo ni brindado precisiones adicionales sobre la situación migratoria actual de Bolsonaro.
La controversia mantiene abiertos dos interrogantes centrales: quién organizó efectivamente la salida del excandidato de Brasil y hasta dónde llegó la intervención de personas vinculadas con Trump. Mientras Rubio intenta despegar al gobierno estadounidense de la fuga, la autorización presidencial para recibirlo en Miami sigue alimentando la polémica política y diplomática.