El padre Romanelli dijo además: "Lo primero que pide la gente es que pare todo, que nos den una esperanza de vida. Son palestinos y la mayor parte son civiles. Hay 2 millones y medio de personas que esperan por comida y la solución no es matar a la gente es dejar entrar comida”.
“Hace falta de todo literalmente. Las ayudas humanitarias que prometieron, si es que han entrado, fue a cuenta gotas y no es suficiente. En las fronteras de Jordania con Egipto hay muchos camiones que están esperando entrar, esperemos que los que tengan que tomar la decisión tomen la decisión justa que es dejarlos entrar”, aseveró.
Además, el sacerdote argentino indicó: "La desnutrición es algo generalizado en la gente adulta ni que hablar en los menores, desde el inicio de la guerra en general salvo la época de la tregua o la ayuda humanitaria que ha logrado hacer la iglesia en la ciudad de Gaza no se podía entrar lácteos ni carnes ni verdura ni frutas frescas, eso hace que la desnutrición sea real y hay quien ha muerto por desnutrición".
En el momento del bombardeo, el complejo parroquial brindaba refugio a entre 500 y 600 personas, según estimaciones de las autoridades eclesiásticas. La mayoría eran familias cristianas y musulmanas desplazadas, que se encontraban en una situación de extrema vulnerabilidad, sin posibilidad de salir de Gaza ni de acceder a ayuda humanitaria. Aunque el templo estaba parcialmente evacuado por precaución, el intenso calor hacía difícil mantener a los niños en el interior del edificio.
A nivel internacional, el papa León XIV expresó su “profunda tristeza” por el ataque y renovó su pedido de un “inmediato alto el fuego”, junto con un llamado urgente al “diálogo” entre las partes involucradas en el conflicto.