Por la tarde los cardenales electores se reunirán en la Capilla Paulina de donde desfilarán en procesión hacia la Capilla Sixtina cantando letanías y orando para que el Espíritu Santo los ilumine.
Ya en la Sixtina, bajo los magníficos frescos de Miguel Angel, después de haber jurado mantener el silencio so pena de excomunión, el maestro de ceremonias pronuncia el "Extra omnes!" ('Fuera todos'), ordenando que salgan aquellos que no tengan nada que ver con la elección.
Los "príncipes de la Iglesia", vestidos con sus paramentos rojos, tendrán prohibido todo tipo de comunicación con el exterior, sin teléfono ni computadoras y no podrán enviar por ende mensajes electrónicos ni alimentar sus cuentas en las redes sociales.
Si el martes en la tarde, después del primer escrutinio el candidato no obtiene los 77 votos necesarios, la humareda negra podrá ser admirada por los miles de fieles, turistas y romanos que suelen congregarse en la plaza de San Pedro para asistir al histórico evento.
La constitución apostólica prevé cónclaves de hasta 34 días interrumpidos por una jornada de descanso, pero en el último siglo han durado al máximo cuatro días, ya que el ritmo de cuatro votaciones al día acelera el proceso para identificar el favorito.
"En el siglo XX han sido bastante cortos: de dos, tres a cuatro días. El candidato que recibe más consenso aparece más o menos rápido", explicó Lombardi.
Todo parece indicar que los cardenales de todo el mundo han revisado sin tapujos todos los problemas que aquejan a la milenaria institución, que atraviesa una grave crisis de credibilidad tras haber sido sacudida por graves escándalos y controversias.
En una charla con la prensa, el cardenal venezolano Jorge Urosa Savino, uno de los 19 electores provenientes de América Latina, aseguró que el sucesor de Benedicto XVI, quien hizo efectiva su renuncia el pasado 28 de febrero, deberá ser ante todo un "hombre de diálogo, de consenso".
"La expectativa es que nosotros, en pocos días, podamos con la ayuda de Dios y el Espíritu Santo elegir al Papa que Dios quiera", aseguró.
"La actitud de los cardenales es esa, muy distinta de la que describe la prensa amarillista. Es una actitud de búsqueda de la inspiración de Dios, de apertura, de diálogo, de consensos", explicó.
Al igual que otros purpurados, reconoce que durante los seis días de reuniones preparatorias al cónclave se han tocado todos los problemas que atraviesa la Iglesia, entre ellos los escándalos de Vatileaks, sobre una trama de abusos de poder y tráfico de influencias y hasta sexo en la Curia Romana. "Hemos hablado con franqueza, porque esas dificultades evidentemente existen y deben ser resueltas. Todos queremos resolverlas", afirmó.