Allá por el año 1977 dejó Chepes para afincarse en Buenos Aires con su familia. "A mi padre lo trasladaban en el trabajo. Y era Australia o Buenos Aires. Y terminé en Casanova. Mirá si iba a Australia, hoy podría haber estado con AC/DC", recuerda con humor este hombre, segundo de cuatro hermanos (Mónica, la mayor y detrás de él siguen Flavio y Rodrigo. "En Buenos Aires la referencia eran los tíos Aurelio y Jacinto, primo y hermano de mi padre. Y nos afincamos en el barrio San José de Isidro Casanova".
Daniel ya despuntaba el vicio entre las cuerdas de una guitarra. "Eran barrios postergados. Mi padre me regaló la primera guitarra cuando tenía 11 años, pero no había para tirar manteca al techo. En casa, de primero al séptimo grado, hubo un solo libro, no había guita. Todo costaba, mi padre en el 2000 recién se pudo comprar un Falcon 71, su primer auto", apunta. Y esa referencia tiene un sentido claro, que marcó su camino. "Y en 2003 aparece el crecimiento y con ello el asfalto, cloacas. Además, la cultura se transforma en un ítem importante de estos tiempos. Lo sentí una vez cuando escuché de la Presidenta, quien dijo que se trataba de hacer un revolución cultural y esa frase me llegó", cuenta con orgullo manifiesto e indisimulable.
Recuerda que el 19 de diciembre de 2001 estuvo en la Plaza de Mayo y aparece el dolor de aquellos días negros de la Argentina. Aquellos días de violencia en que perdió a un vecino, que murió electrocutado porque le habían cortado la luz por falta de pago cuando ya nadie podía pagar. Y a un músico que murió en la represión policial. "Y como viví todo aquel dolor y desesperanza hoy valoro todo lo que tenemos, porque hemos mejorado en el país", afirma seguro.
"Siempre digo que soy un militante cultural", lanza orgulloso. Su postura social es consecuencia de convicciones arraigadas desde su niñez en La Rioja y en La Matanza. Es que su primera canción fue "Sólo le Pido a Dios", de León Gieco. "Fue la primera canción que aprendí. Evidentemente tiene que ver con el compromiso que ya tenía en aquellos años. La letra me movilizó", reflexiona, siempre con una sonrisa estampada en medio de su barba. "Trato de trasladarle esas vivencias a mis hijos a partir de explicarles que no siempre en el país fue como ahora. Porque antes nos cagaban todo el tiempo, nos quitaban lo que era nuestro, limitaban nuestros derechos. Hoy, por suerte, es diferente y hay que valorarlo".
Con su guitarra y banda le canta al carnaval riojano, a la tierra, al amor, pero todo eso anda sustentado sobre bases que edificó desde la militancia cultural. Y así lo escribió Pedro Patzer, de Radio Nacional: "Daniel Argañaraz trasciende su biografía y comienza a ser su obra, empieza a ser el cielo de los pobres y las milagrosas manos de su madre, y sin abandonar su linaje chayero abraza los duros días del pibe de La Matanza. La Liberación de los sueños (su último trabajo discográfico) es un puente entre La Rioja y La Matanza, entre el paisajista y el artista libre, porque mientras la mayoría quiere ser consagración, Daniel Argañaraz quiere ser Daniel Argañaraz".