Las fiestas de carnaval habían quedado en el olvido por obra y gracia de la dictadura, que también arrasó con esa alegría del pueblo. En el Norte es donde más se sintió aquella prohibición. Pero hoy esa mordaza fue quitada. Y para Daniel Argañaraz, el carnaval riojano es una liturgia que se celebra cada mes de febrero.
"En febrero se hace la fiesta de La Chaya en la capital de La Rioja y en donde jugar al carnaval es una costumbre ineludible", instruye sobre las celebraciones de su tierra. Pero Chepes tiene lo suyo. Es que se organiza una fiesta que tiene a Daniel Argañaraz al frente, la que se denomina La Chaya de la Abuela Oquina (su abuela, cuyo nombre era Georgina). Se hace en el fin de semana más cercano al Día de los Enamorados (14 de febrero). Es un almuerzo y desde las 15 comienza el juego de carnaval con agua, albahaca y harina. Se juntan unas 10 mil personas y luego se cierra con un festival de música en un escenario que se monta en las calles de Chepes y al que han acudido figuras del folklore, entre ellos el anfitrión. Pero esto, además, tiene la versión porteña. Es que también lo han instalado en la Feria de Mataderos, que este año se llamó "Primavera Chayera".
"Es casi un ritual, es un show en el que se juega con harina, por eso en los teatros mucho no nos quieren recibir (se ríe)", comenta Daniel. Y, sobre los elementos que se utilizan para jugar al carnaval, agua, harina y albahaca, explica: "Según los Diaguitas, el agua quita las penas, la albahaca perfuma el alma y ahuyenta los malos espíritus y la harina nos iguala, es decir con harina, todos somos iguales".