"Te conocí el 15 de diciembre de 2007, ya te habían 'chocado' 2 autos y permaneciste viva y no lastimada gravemente. Mi abuelo te levantó y te puso en la vereda para que no cruces más; en ese momento fui al portón de casa y te vi; al volver, entraste y me seguiste hasta la puerta del quincho, te quedaste adentro de mi casa. Pasé toda el día con vos y me hacías caso a todo lo que te decía. Cuando mi mamá me preguntó '¿La dejamos que se quede?' mi respuesta fue un ¡Sí! Desde entonces, su nombre es Pinky", relata emocionada su dueña.
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