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28 de agosto 2026 - 11:57
La mala hora digital del Gobierno / Por Giannina Benvenuto y Florencia Sosa

Las consultoras políticas de @somos.pony analizan la caída del impacto de Milei en redes sociales.

Javier Milei es la figura política que mejor entendió cómo adaptarse a un tiempo marcado por la digitalidad, el déficit de atención y la aceleración permanente de la conversación pública. Su identidad parecía diseñada para las redes sociales y comprendió hace cinco años algo que sus adversarios todavía no terminan de internalizar: las redes no son sólo un canal para comunicar, sino un nuevo territorio donde hacer política. De esta manera, mientras todos los demás seguían (y siguen) disputando la calle offline, Milei ya estaba convirtiéndose en el único personaje que habitaba y le hablaba a la calle online, su propio terreno de juego.

Antes de convertirse en presidente, logró hacer de las redes sociales su propio vehículo político y aprovechar a su favor las lógicas del ecosistema digital: para el algoritmo, lo determinante no es tanto qué se dice, sino cuánto logra circular y cuántas reacciones es capaz de provocar. En ese terreno, la indignación, la provocación y la confrontación no son tanto ideas en sí mismas como el combustible de una comunidad que encontraba en cada pelea una razón para participar. El politólogo Giuliano da Empoli resumió esta estrategia bajo la fórmula “ira + algoritmo”.

Como el carruaje de Cenicienta, parece que Javier Milei se está convirtiendo en calabaza. No porque dieran las doce, sino porque la máquina digital que lo convirtió en un fenómeno político sin precedentes en la Argentina empieza a mostrar signos de agotamiento una vez que su lugar de trabajo es el Sillón de Rivadavia.

Un nuevo informe de Ad Hoc titulado “Fatiga digital” muestra cómo el protagonismo virtual de Milei atraviesa una caída paulatina y persistente desde el escándalo de $LIBRA cuando, en febrero de 2025, el momento de mayor intensidad del caso, Milei llegó a concentrar alrededor de 13 millones de menciones; hoy, ese volumen cayó a 3,7 millones. Según este estudio, no solamente disminuyeron la cantidad de personas que hablan del presidente, sino que también perdió potencia la comunidad digital que durante años funcionó como amplificador de su discurso. Tomando las quince cuentas libertarias más influyentes en la conversación, Ad Hoc identificó que este año redujeron sus menciones directas a Milei de más de 5.000 en abril a 3.697 en julio. El dato más relevante es que las interacciones cayeron todavía más que las menciones, lo que significa que la comunidad no sólo habla menos del presidente, sino que consigue que lo que dice tenga cada vez menos impacto.

Hay además un factor cualitativo que llama la atención: los libertarios siguen eligiendo poner en auge la confrontación por sobre la gestión de Gobierno. Según Ad Hoc, durante este año el ecosistema oficialista utilizó con mayor frecuencia términos a la disputa política y periodística -“kukas”, “VLLC”, “NOLSALP”- que conceptos vinculados a resultados, como BCRA, riesgo país o superávit. Cuando el Gobierno tiene menos para celebrar, la conversación vuelve a depender de aquello que lo hizo fuerte: tener a quién atacar.

Hay una paradoja todavía más profunda: el concepto de “casta”, una de las principales herramientas con las que Milei construyó su identidad política, empieza a volverse en su contra. Suma “Fatiga digital” que, entre febrero de 2025 y julio de 2026, este término acumuló casi cinco millones de menciones y sus principales picos coincidieron con los grandes escándalos que golpearon al Gobierno: $LIBRA, ANDIS, Espert y Adorni, que fueron erosionando uno de los principales triunfos narrativos libertarios.

En este marco aparece otra figura: Fernando Cerimedo, quien nunca fue un gran estratega político, sino más bien un operador de ultraderecha que hizo de la provocación, la conspiración y la operación digital una forma de hacer política en América Latina. Así, Cerimedo llevó la lógica de los “ingenieros del caos” a sus extremos: trolls, desinformación, campañas sucias y teorías conspirativas que generan engagement. Ya había ensayado esa lógica en Brasil, en 2022, cuando desde La Derecha Diario impulsó la falsa teoría de un fraude electoral contra Jair Bolsonaro.

Durante la campaña presidencial argentina de 2023, se convirtió en uno de los principales engranajes del ejército digital de La Libertad Avanza, parte del dispositivo que convirtió a Milei en el gran actor de la calle online. Así, Cerimedo construyó poder político llevando la provocación hasta el límite y hoy protagoniza una historia que parece salida de ese mismo universo: detenido en Bolivia y acusado por la Fiscalía de tentativa de femicidio a su ex pareja, Nadia Beller, pasó rápidamente de activo digital a convertirse en uno tóxico para el ecosistema que ayudó a construir. Durante su internación, Beller comenzó a revelar información sobre Cerimedo y sus vínculos con la política argentina, incluida su presunta conexión con la filtración de los audios de Diego Spagnuolo sobre la presunta corrupción en la ANDIS. Cerimedo, además, ya había declarado ante el fiscal Franco Picardi en esa causa.

Sin embargo, la detención de este operador dejó abierta otra pregunta, quizás todavía más incómoda para la Casa Rosada. En los días posteriores, una cantidad significativa de cuentas en X que figuraban entre los seguidores del presidente eliminaron sus fotos de perfil. El fenómeno generó sospechas: ¿eran usuarios genuinos o parte de una estructura de amplificación artificial? ¿Eran bots que, literalmente, se dieron de baja con su jefe preso?

La pregunta resulta especialmente incómoda porque ocurre en el mismo momento en que el dispositivo oficial parece tener dificultades para ordenarse. Sin ir más lejos, Santiago Oría, hoy a cargo de buena parte de la comunicación presidencial, intentó viralizar un mensaje propio mediante una granja de bots y quedó expuesto: decenas de cuentas con nombres como “oxhusk” o “glyphrot” respondieron en cadena con la palabra “reply”. La escena produjo una ironía que resume la mala hora digital del Gobierno: en X comenzaron a pedir, en broma, la vuelta de Fernando Cerimedo.

Ahora bien, lo sucedido en Bolivia es un síntoma del ecosistema que rodeó al mileísmo en su ascenso y que hoy muestra signos de agotamiento. El Gobierno que hizo una campaña de rodearse de personas inexpertas, con ideas radicales, que defienden al presidente no como un medio, sino como un fin en sí mismo, y hoy ponen en jaque al sistema por todos esos mismos motivos por los que fueron enaltecidos. Así sucedió con los Adorni, Novelli, Spagnuolo y hoy, con Cerimedo.

Poco a poco, la política del algoritmo empieza a quedarse sin algoritmo. Y cuando se apaga el ruido, empiezan a verse los personajes que había detrás: una crónica de una muerte anunciada.

(**) Lic. Giannina Benvenuto y Lic. Florencia Sosa, consultoras políticas en PONY, expertas en comunicación digital.

Instagram: @somos.pony