“Nosotros salimos y hablamos con los chicos, hacemos encuestas. Nos cuentan dónde venden alcohol pasado el horario que marca la ley, que es de las 4.30. Y documentamos las faltas gravísimas. La realidad es que los chicos toman en la calle, mezclan todo, pero porque fallan los controles. Ahí hacemos las denuncias al órgano de control provincial”, señaló.
“De hecho, el día del ataque había inspectores de la provincia clausurando un local por una denuncia nuestra. Nos quedamos ahí, y vimos cómo arrancaban las fajas de clausura. Es lo que hacen siempre, no es nuevo. Como ciudadanos, nos juntamos para tratar de cambiar un poco las cosas. A esos boliches o bares van nuestros hijos también. Y sabemos que hacen de la venta de alcohol un negocio sin escrúpulos, al igual que la prostitución. Venimos denunciando todo esto, que es gravísimo. No tengo dudas de que el ataque que sufrí es producto de esta situación”, dijo Presa.
Respecto al ataque, la víctima comentó que “por unos minutos, me separé del grupo de vecinos, y primero me abordó un hombre, que me golpeó en la cara con una piña, y cuando intenté alejarlo, me empujó contra una pared y siguió pegándome, momento en que vino otro”, precisando que “entre los dos me pegaron, me caí al suelo y ya no me acuerdo de nada, porque me desvanecí, pero lo cierto es que me pegaron en todos lados. Además de los cortes en los párpados, y una oreja, Presa tiene lesiones en las costillas, la espalda y el abdomen.
“Hay mucha gente, vecinos, que hacen este trabajo de apoyar lo controles, haciendo denuncias. El mes pasado, fuimos con Rubén Carballo, cuyo hijo fue asesinado a golpes en los alrededores de la cancha de Vélez en un recital, a un boliche en San Justo. Fuimos testigos de un feroz ataque de patovicas y jóvenes a un chico. Nos metimos, porque lo iban a matar con tanta violencia, y me pegaron a mí por intervenir. Esta es la realidad. Pero parece que a la justicia no le interesa nada. Hicimos la denuncia, y ahí sigue, archivada”, dijo el hombre