En un principio, la esposa de Mendoza, Roxana Bravo, de 25 años, quien se hallaba en el lugar junto al hijo de ambos, de apenas tres años, aseguró que en medio de una discusión de pareja un encapuchado atacó a su marido cuando se alejaba de la casa.
Siempre de acuerdo con el relato de la joven, ella intentó defender a su esposo, por lo que recibió algunos cortes, al igual que su pequeño hijo.
No obstante, algunas contradicciones y evidencias encontradas en la escena del crimen, hicieron inferir a los investigadores de la policía local que en realidad se trató de un asesinato pasional, en el que podría haber participado una tercera persona.
Según indicaron fuentes policiales, hay evidencias de que hubo una intensa pelea de pareja, en la que los esposos se arrojaron hasta muebles. En tanto, también se hallaron indicios que señalaban que Mendoza había hecho preparativos para dejar su hogar.