Según trascendió, este hombre habría comenzado a violar a sus hijas, cuando están era dos niñas de 10 y 11 años, entre el 2000 y 2002. La situación, bajo amenazas y maltratos psicológicos, se habría extendido durante más de cinco años, hasta que ya adolescentes, una de las chicas solicitó ayuda y una vez enterada, la madre de ambas y esposa del acusado decidió abandonar la casa que compartían como familia en la localidad de Villa Luzuriaga. Los abusos sexuales se "judicializaron" recién en 2011, cuando las jóvenes tomaron la determinación de denunciar a su propio padre, un vendedor ambulante y comerciante en ferias artesanales, para iniciarse el proceso, en el que intervinieron médicos y peritos, hasta que la causa fue elevada a juicio.