Se pensó en un primer momento que con el deceso de NK, algunas figuras cobrarían mucho más vuelo. Sobre todo dos: Aníbal Fernández y Julio De Vido. No fue así; el primero advirtió un día que su estrella en el firmamento K comenzaba a opacarse, cuando le arrebataron el manejo de la seguridad, y al cabo se dio de bruces con la nueva realidad al enterarse de que iría al Senado.
El otrora superpoderoso ministro de Planificación fue perdiendo espacio y poder, lenta, pero inexorablemente. Si por él fuera, ya se hubiera vuelto a su casa, pero dicen que Cristina le sugirió que le convenía quedarse donde está, más allá de su poder menguado.
Interlocutor habitual de De Vido, Hugo Moyano pasó del cielo al infierno, expulsado por Cristina. El líder cegetista fue el primer hombre con cierto poder que aceptó confrontar con la Presidenta, cuando advirtió que la situación no tenía retorno. Tiene rasgos de leyenda urbana la versión de que el camionero discutió por teléfono acaloradamente con Kirchner la última noche del santacruceño. Se sabe que hablaron, mas sería injusto endilgarle al sindicalista algún grado de participación en un desenlace supuestamente apurado por el disgusto. Pero lo cierto es que Moyano es una de las figuras más notorias del grupo cada vez más nutrido que extraña al ex presidente.
Impulsados por Néstor Kirchner a quien veneran, los jóvenes camporistas ganaron con Cristina un espacio que difícilmente el santacruceño les hubiera concedido. Ella en cambio los ha encumbrado en los primeros planos y ha nutrido con sangre joven puestos de la administración gubernamental.
Amado Boudou fue otro de los encumbrados por Cristina, que lo eligió como compañero de fórmula, pensando probablemente en la sucesión en 2015. El escándalo Ciccone liquidó esas expectativas, pero cuando tuvo que optar, ella lo protegió. Quienes estuvieron cerca de NK, aseguran que él no le hubiera dado tanto vuelo.
Así como Kirchner buscó el camino de la transversalidad, pero cuando la cosa se complicó prefirió recostarse en el peronismo, Cristina parece buscar alejarse de su partido. La transversalidad se denomina hoy Unidos y Organizados, agrupación que conforman sectores alejados de lo que los K denominaron con cierto desprecio “pejotismo”. Conformado por agrupaciones ultrakirchneristas, Unidos y Organizados pareciera ser la base del cristinismo, etapa ¿superadora? en la que ha devenido el kirchnerismo.