3) Hay una médica,
Andrea Vázquez se llama, que desde hace tres años lucha por los derechos de sus hijos. La justicia decidió en 2012 que era buena idea otorgarle la tenencia al padre y para ejecutarla ordenó un allanamiento en la casa, con policías armados y todo. El domingo pasado, la mujer preparó fideos caseros porque un juzgado había permitido que comparta con sus hijitos el almuerzo del Día de la Madre. Pero la medida no se cumplió. Y a nadie le importa. No me gusta que eso ocurra en mi país. Arreglalo.
4) Hay mujeres que son maltratadas y desean salir de ese infierno. Pero no pueden. Todas tienen nombre y apellido. Son miles. Tienen miedo, terror. De morir, de no poder alimentar a sus hijos, de tanto que las mantiene paralizadas. Y estaría muy bien que esa muralla que las rodea la saltemos desde el Estado, con todos los recursos necesarios y toda la voluntad, para estar con ellas, acompañarlas, ayudarlas, contenerlas y empoderarlas. Está muriendo una cada 31 horas. Corrijo: las están matando. Todas y cada una emitieron alertas, seguro, algunas más, otras menos, que no fueron escuchadas. El machismo asesino hace lo que quiere en Argentina. No me gusta que eso ocurra en mi país. Arreglalo.
5) Las Karina Abregú, que sobrevivieron, son muchas. Las Brisa, hijas e hijos de nuestras mujeres asesinadas, son muchas. Las Andrea Vazquez, que luchan por sus hijos, son muchas. Sumale que hay miles de prostíbulos, alimentados en su enorme mayoría por mujeres pobres, que son explotadas por políticos, policías y funcionarios judiciales (y clientes prostituyentes a quienes hay que convencer como sea de que la corten con pagar por sexo). Sumale que hay mujeres que son desaparecidas a la fuerza para sostener ese negocio. Sumale que funciona un sistema hipócrita que permite a mujeres de clase media y alta abortar de manera segura, mientras las humildes no tienen ese derecho. No me gusta que eso ocurra en mi país. Arreglalo.