Detrás del resultado aparece una discusión que la administración de San Isidro difícilmente pueda esquivar: la calidad de los servicios que reciben los vecinos y la capacidad del municipio para responder a sus necesidades cotidianas. El mantenimiento del espacio público, la prestación de los servicios municipales, el funcionamiento del sistema de salud y la seguridad constituyen áreas fundamentales para evaluar cualquier gestión local. Ahí es donde hoy recaen las principales críticas de los vecinos sanisidrenses.
La particularidad del caso de San Isidro es que su intendente, Ramón Lanús, viene acumulando retrocesos consecutivos y se encuentra cada vez más lejos de otros intendentes de la Zona Norte que mantienen valoraciones positivas. El contraste resulta políticamente incómodo: mientras varios municipios vecinos exhiben mejores indicadores de imagen, San Isidro aparece relegado a los últimos lugares de la medición. El problema para Ramón Lanús podría no terminar en los números de la encuesta. Su posición entre los intendentes peor evaluados abre interrogantes sobre la capacidad de liderazgo y articulación política del jefe comunal dentro de la Primera Sección Electoral, un territorio clave para cualquier armado.